(FOTO+VIDEO) Napoli, 19giu2021: La sanità pubblica al servizio del popolo e l’esempio di Cuba

LA SANITÀ PUBBLICA AL SERVIZIO DEL POPOLO: L’ESEMPIO DI CUBA

Arte, scienza e protagonismo popolare sono l’esempio che in questa pandemia paesi come Cuba ci hanno dato.

 

L’avanzato sistema sanitario territoriale cubano e le brigate mediche internazionaliste “Henry Reeve” sono un esempio chiaro e inequivocabile di quanto un modello sanitario e sociale che mette al centro il popolo, la sua salute e i suoi bisogni non è solo più giusto ma è anche più efficace.

La pandemia da Covid-19 ci mostra in negativo che il mondo oggettivamente è sempre più interconnesso ed interdipendente. Ci dimostra che l’individualismo è sempre più dannoso. Ci dimostra che nessuno si salva da solo e che per salvarsi occorre organizzarsi, lottare e partecipare. Occorre costruire un’alternativa politica, culturale e sociale che vada in controtendenza rispetto alla morte e alla devastazione causate dalla logica del profitto e dagli interessi di quei pochi che governano il mondo.

Oggi più che mai appare chiaro che abbiamo bisogno di una nuova concezione del mondo, una concezione che rivoluzioni la Scienza con la Scienza della Rivoluzione, del cambiamento. Tutti gli organismi promotori dell’iniziativa hanno a cuore l’apertura di un dibattito serio e di un’azione comune conseguente a tali principi.

In occasione del 75° compleanno del compianto Francesco Ruotolo, Galleri@rt,
Consulta Popolare Salute e Sanità del Comune di Napoli, l’Associazione Resistenza, il Comitato San Gennaro, Medicina Democratica, con la Reti e le Brigate di solidarietà attive sul nostro territorio, con coloro che sono impegnati sul fronte artistico e dello sviluppo generale della creatività invitano tutte le altre realtà politiche, sindacali e popolari della città a connettere le migliori esperienze e fare fronte contro chi della vita e della salute della maggioranza della popolazione non solo non si cura ma ne è il principale nemico.

La cura e la prevenzione siamo noi!

Uniti si vince!

Interverranno:
– Fabrizio Chiodo, Ricercatore
– Indira Pineda, Sociologa cubana
– Jorit, Artista muralista
– Davide Secone, Brigate Mediche Quarto
– Daniele Maffione, Rete di solidarietà Cuba-Napoli
– Vincenzo Caporale, Consulta Popolare Salute e Sanità di Napoli
– Luca Mandara, Brigate “Francesco Ruotolo”
– Danilo Della Valle, ALBAinformazione
– Francesca Menna, Assessore alle politiche sociali Napoli

Moderano:
– Ciro Brescia, GAlleЯi@rt
– Marco Coppola, Associazione Resistenza

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A seguire aperitivo musicale con: Il Sole e la Luna

A GRANDE RICHIESTA DIRETTA FACEBOOK DELL’EVENTO!

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(FOTO+VIDEO) Nápoles, 19jun2020: el ejemplo que países como Cuba nos han dado en esta pandemia

 

EL SISTEMA DE SALUD PÚBLICA AL SERVICIO DEL PUEBLO: EL EJEMPLO DE CUBA

El arte, la ciencia y el protagonismo popular son el ejemplo que países como Cuba nos han dado en esta pandemia.

 

El avanzado sistema de salud territorial cubano y las brigadas médicas internacionalistas “Henry Reeve” son un ejemplo claro e inequívoco de que un modelo sanitario y social que pone en el centro a las personas, su salud y sus necesidades no sólo es más justo sino también más eficaz.

La pandemia de Covid-19 nos muestra de forma negativa que el mundo está objetivamente cada vez más interconectado e interdependiente. Nos muestra que el individualismo es cada vez más perjudicial. Nos muestra que nadie puede salvarse a sí mismo y que para salvarse hay que organizarse, luchar y participar.
Necesitamos construir una alternativa política, cultural y social que vaya en contra de la muerte y la devastación causadas por la lógica del beneficio y los intereses de unos pocos que gobiernan el mundo.

Hoy, más que nunca, está claro que necesitamos una nueva concepción del mundo, una concepción que revolucione la Ciencia con la Ciencia de la Revolución, del cambio. Todos los organismos que promueven la iniciativa tienen como objetivo abrir un debate serio y una acción común consecuente con estos principios.

Con motivo del 75º cumpleaños del que se fue a otro plan Francesco Ruotolo, Galleri@rt, la Consulta Popolare Salute e Sanità de la Ciudad de Nápoles, la Associazione Resistenza, el Comitato San Gennaro, Medicina Democratica, con las Redes y Brigadas de solidaridad activas en nuestro territorio, con los que están comprometidos en el frente artístico y en el desarrollo general de la creatividad invitan a todas las demás realidades políticas, sindicales y populares de la ciudad a conectar las mejores experiencias y a hacer frente contra los que no sólo no cuidan la vida y la salud de la mayoría de la población sino que son su principal enemigo.

¡Somos la cura y la prevención!

¡Unidos ganamos!

Los ponentes serán:

– Fabrizio Chiodo, investigador
– Indira Pineda, socióloga cubana
– Jorit, artista muralista
– Davide Secone, Brigate Mediche Quarto
– Daniele Maffione, Red de Solidaridad Cuba-Nápoles
– Vincenzo Caporale, Consejo Popular – Salud y Sanidad de Nápoles
– Luca Mandara, Brigadas “Francesco Ruotolo
– Danilo Della Valle, ALBAinformación
– Francesca Menna, Consejera de Políticas Sociales Nápoles

Moderadores:

Ciro Brescia, GAlleЯi@rt
Marco Coppola, Asociación Resistencia
Seguido de un aperitivo musical con:

El Sol y la Luna

Fuerzas productivas, salud pública, lucha contra la epidemia

por Adriano Ascoli y Ciro Brescia

[en italiano]

Dos semanas después de su publicación, y tras más de un año desde los anteriores artículos “El Covid da los numeros” e “Italia: reflexiones sobre la pandemia y la validez del distanciamiento social“, además de la confirmación de los resultados chinos, vietnamitas y de otros países, es interesante el estudio publicado en la destacada revista científica The Lancet donde se ponen de manifiesto los efectos y las consecuencias de forma comparativa, en términos de impacto en la vida social, en las consecuencias sanitarias, en las consecuencias a nivel económico de las dos vías: la vía de las medias medidas seguidas, por ejemplo, por los países europeos y la vía de una contención férrea y delimitada en el tiempo. El estudio, basado en datos y comparaciones entre los dos enfoques diferentes, va en la dirección de confirmar en esencia lo que se ha afirmado aquí desde marzo de 2020 en los artículos mencionados.
Escribimos estas notas expresando nuestra plena solidaridad con la compañera Pia Panseri y el compañero Gianfranco Fornoni del Comité Popular Verdad y Justicia para las víctimas de Covid-19 en Bérgamo[1], afectados por la represión por su compromiso social y político de sacar a la luz la verdad sobre los responsables de la masacre diaria que estamos viviendo, debido a la mala gestión de la pandemia por parte de las instituciones estatales, centrales y regionales, y a las políticas antipopulares que aplicaron en nuestro país. Con estas líneas queremos dar nuestra contribución a la reflexión colectiva sobre un tema central en la actualidad: con demasiada frecuencia prevalece una lectura de la nueva fase pandémica confusa, entonces subordinada y funcional a las narrativas de las clases dominantes. Una polarización controlada, impulsada tanto en la corriente principal como en su lado oscuro, tiende a confundir e intoxicar la percepción y el pensamiento de una gran parte de la población. Consideramos que no es oportuno hacer concesiones a esta polarización en busca de un consenso fácil y rápido, cuando en cambio la situación requiere un razonamiento riguroso. 
¿Cómo es posible que algunos países atrasados en su desarrollo infraestructural, como Cuba y otros, a pesar de ser golpeados por las criminales sanciones internacionales de los países imperialistas, hayan logrado resultados apreciables en la lucha contra la pandemia del Covid-19, en contraste con lo que ocurre en nuestro país en un contexto de mayor desarrollo de las fuerzas productivas y a menudo con un sistema de salud mucho más evolucionado, en términos de infraestructura y recursos disponibles? Esto ha sido posible porque estos países se han dotado de las herramientas adecuadas para hacer frente a la emergencia gracias a una organización diferente de la sociedad, y han tenido que practicar haciendo de necesidad virtud, ya que son países que no cuentan con las fuerzas productivas y las infraestructuras desarrolladas, capilares y articuladas que tienen los países más ricos, los países imperialistas como Italia (a pesar de cuarenta años de recortes en la sanidad pública y las privatizaciones concomitantes, el sistema sanitario italiano sigue siendo de los más avanzados). En el caso de los países que tienen en su haber la culminación de un proceso revolucionario -en las distintas variantes del socialismo y el antiimperialismo- hemos visto la movilización de organizaciones de masas estructuradas en las distintas esferas de la vida social y laboral, política y cultural; éstas no han improvisado, sino que en cierta medida han actuado sobre la base de décadas de experiencia y trabajo teórico y práctico, combinándolas con los necesarios niveles de movilización y liderazgo que son cruciales para enfrentar la emergencia. Organizaciones que responden a un mando unitario, que se refieren a una dirección política que tiende a ser clara y coherente, a una línea política que ciertamente no es improvisada sino que tiene una continuidad desarrollada durante décadas de construcción tras el triunfo de la Revolución en su país.
Una línea que en el caso de China y muchos otros países que han seguido ese ejemplo, ha puesto en el centro la protección de la salud colectiva y el criterio científico, como pilar para un contraste inmediato a la epidemia, minimizando tanto el daño sanitario como el socioeconómico, con intervenciones tempranas y limitadas en el tiempo. En estos países -es necesario subrayar, una vez más, este concepto- sus dirigentes y sus pueblos han tenido que hacer de necesidad virtud, centrándose principalmente en la prevención, para evitar tener que actuar después con instrumentos con los que generalmente están mal equipados y para evitar caer en una crisis inmanejable. Los países imperialistas, que disponen de instrumentos más avanzados en teoría, han fracasado de hecho en el campo de la contención de los contagios metiéndose en un atolladero. No han aplicado una estrategia para contener el contagio, con los resultados que están a la vista. En la República Popular China, al igual que en otros países, no han esperado a que lleguen medicamentos o vacunas específicas (que aún no están listos ni son suficientes, dado que los países imperialistas los han acaparado, empezando por Estados Unidos, Reino Unido e Israel, seguidos por los demás países de la UE, y que la capacidad de producción a escala mundial sigue siendo limitada). En China se ocuparon de confinar -mediante la movilización capilar y la organización de masas- a la población dónde, cómo, cuánto y cuándo era necesario hacerlo; así lo hizo China, así lo hizo la Corea Popular, cerrando aún más herméticamente sus fronteras, así lo hizo Vietnam, así lo hizo Cuba, manteniendo viva la experiencia acumulada en el campo de la epidemiología por la URSS en el siglo pasado, invirtiendo en investigación científica hasta el diseño e implementación de vacunas y medicamentos específicos. En los principales países imperialistas dirigidos por gobiernos neoliberales, se ha dejado correr el virus con mayor o menor libertad y con medidas cada vez más tardías, hasta el punto de perder el control de los contagios y registrar decenas de miles, cientos de miles de muertos (como en Estados Unidos o Brasil, pero también en nuestras partes). Hemos visto el ballet de las zonas de color, con datos ocultos o domesticados por los administradores para evitar las medidas necesarias. Los que han aplicado una verdadera contención, en lugar de una mitigación crónica, han parado TODO cuando ha sido necesario, pero durante un corto periodo y luego han reabierto casi todo, minimizando los daños humanos y económico-sociales. Es bueno recordar cómo los países que han aplicado esta estrategia ganadora han parado cuando ha sido necesario y durante periodos muy limitados incluso las fábricas y los desplazamientos y cualquier actividad no estrictamente imprescindible. En Italia, por el contrario, las fábricas en el corazón del valle del Po no cerraron ni siquiera en marzo-abril de 2020 y la epidemia se extendió a medio mundo en pocos días, mientras entre los principales líderes políticos estaban de moda los aperitivos en los canales y las negaciones supersticiosas de la tormenta que se avecinaba.
Para completar, hay que mencionar que incluso algunos países ciertamente no socialistas, como Israel (por no hablar de la criminal negación de las vacunas a Palestina, como los países occidentales con sanciones) o Australia, han obtenido resultados positivos en casa sólo conteniendo la circulación de la población durante períodos limitados, con el fin de garantizar la posibilidad de “volver a la normalidad” o para abordar con seguridad la fase de vacunación masiva. Esto demuestra que no tenemos que esperar a convertirnos en un país socialista para aplicar las medidas preventivas necesarias basadas en criterios científicos confirmados por la experiencia; puede hacerse inmediatamente si existe la voluntad política necesaria para ello. Por el contrario, en la medida en que los movimientos populares logren imponer la aplicación de las medidas preventivas necesarias, éstas serán peldaños útiles para avanzar con más fuerza y determinación hacia la instauración del socialismo.
Al cruzar los datos sobre la mortalidad general en los principales países, es fácil ver que las muertes resultantes de la epidemia de covid-19 han sido subestimadas en gran medida, y aún lo son. Los países como el nuestro que no han optado por un control estricto de los contagios y con un distanciamiento precoz en el momento adecuado (al principio de cada ola epidémica, antes de cualquier salto exponencial repentino de los contagios) han tenido que actuar con medidas posteriores amplias y prolongadas, o con medias tintas que, para no disgustar a ningún sector político ni a la población, han terminado por disgustar a prácticamente todos. Los únicos que, como es lógico, se han beneficiado enormemente son los grandes especuladores financieros y los capitalistas relacionados con ellos, en particular la industria de la exportación, que en muchos casos no han parado la producción ni siquiera una semana, en detrimento de todos los demás ámbitos sociales y económicos penalizados por las medidas prolongadas. Emisiones tv y tertulias han llegado a diseccionar los buenos hábitos íntimos, pero las fábricas, los call-centers y los desplazamientos ni siquiera los han mencionado en los distintos decretos, salvo el primer y único cierre de la primavera de 2020, tras el cual entró en escena el dicktat del poder económico sintetizado en el eslogan “vivir con el virus”. Para ocultar su falta de preparación no podían hacer otra cosa. Las medidas adoptadas cerca del pico epidémico sólo mitigan los resultados más catastróficos sobre el sistema sanitario, pero no evitan decenas de miles de víctimas cada vez, cuando en cambio sería conveniente y necesario “hacer como China” para controlar la propagación de los contagios: bloqueo (con las correspondientes pruebas y rastreos masivos) durante un periodo limitado pero anticipado y la coordinación de todos los sectores y organizaciones de masas -en el caso italiano se trata de todo el tejido del tercer sector, las asociaciones y el voluntariado que existe y se estimula la creación de redes de solidaridad popular adecuadas, estas realidades que también han empezado a surgir para hacer frente a la emergencia. Lo que ha faltado es la voluntad política institucional, por un lado, arrastrada por todas partes a la sumisión a los intereses de los grandes grupos económicos, y la capacidad, la autonomía y la fuerza de los comunistas, por otro lado, para identificar y proponer a tiempo las medidas que hay que poner en marcha, las decisiones oportunas que hay que aplicar, dejándose a menudo influenciar por las opciones oportunistas y convenientes o por la sumisión generalizada alimentada arteramente por la patronal entre las amplias masas (“colismo”). Las fuerzas políticas o sindicales organizadas -salvo contadas excepciones- no han pedido ni reclamado que se tomen medidas enérgicas de contención al principio y no en medio de cada ola de contagio. En esta fase, la de la toma de decisiones, a menudo prevalecen las movilizaciones funcionales, que piden aperturas, cuando más bien hay que cerrar todo, aunque sea por unos días, para obtener resultados significativos y duraderos. Se mantuvieron subordinados a los que no querían medidas de contención, con el resultado de que los daños sanitarios en términos de muertes y casos graves, el contagio de los trabajadores y sus familias, y los daños a la economía generalizada y a la vida social, fueron cada vez mayores. Si por un lado la denuncia de las evidentes responsabilidades de algunos administradores (véase el caso de la administración Fontana en Lombardía, claramente subordinada a las líneas dictadas por Confindustria) en la propagación del contagio fue objeto de una campaña positiva a finales de la pasada primavera, por otro lado no fue seguida de una política consecuente y agregada en el periodo posterior, cuando algunos ‘expertos’ hablaron del “virus desaparecido”, o cuando torpemente los responsables de la toma de decisiones negaron el inicio de la segunda y tercera oleada, evitando así las necesarias medidas de contención oportunas.
Al cruzar los datos sobre la mortalidad general en los principales países, es fácil ver que las muertes resultantes de la epidemia de covid-19 han sido subestimadas en gran medida, y aún lo son. Los países como el nuestro que no han optado por un control estricto de los contagios y con un distanciamiento precoz en el momento adecuado (al principio de cada ola epidémica, antes de cualquier salto exponencial repentino de los contagios) han tenido que actuar con medidas posteriores amplias y prolongadas, o con medias tintas que, para no disgustar a ningún sector político ni a la población, han terminado por disgustar a prácticamente todos. Los únicos que, como es lógico, se han beneficiado enormemente son los grandes especuladores financieros y los capitalistas relacionados con ellos, en particular la industria de la exportación, que en muchos casos no han parado la producción ni siquiera una semana, en detrimento de todos los demás ámbitos sociales y económicos penalizados por las medidas prolongadas. Emisioras tv y tertulias han llegado a diseccionar los buenos hábitos íntimos, pero las fábricas, los call-centers y los desplazamientos ni siquiera los han mencionado en los distintos decretos, salvo el primer y único cierre de la primavera de 2020, tras el cual entró en escena el dicktat del poder económico sintetizado en el eslogan “vivir con el virus”. Para ocultar su falta de preparación no podían hacer otra cosa. Las medidas adoptadas cerca del pico epidémico sólo mitigan los resultados más catastróficos sobre el sistema sanitario, pero no evitan decenas de miles de víctimas cada vez, cuando en cambio sería conveniente y necesario “hacer como China” para controlar la propagación de los contagios: bloqueo (con las correspondientes pruebas y rastreos masivos) durante un periodo limitado pero anticipado y la coordinación de todos los sectores y organizaciones de masas -en el caso italiano se trata de todo el tejido del tercer sector, las asociaciones y el voluntariado que existe y se estimula la creación de redes de solidaridad popular adecuadas, estas realidades que también han empezado a surgir para hacer frente a la emergencia. Lo que ha faltado es la voluntad política institucional, por un lado, arrastrada por todas partes a la sumisión a los intereses de los grandes grupos económicos, y la capacidad, la autonomía y la fuerza de los comunistas, por otro lado, para identificar y proponer a tiempo las medidas que hay que poner en marcha, las decisiones oportunas que hay que aplicar, dejándose a menudo influenciar por las opciones oportunistas y convenientes o por la sumisión generalizada alimentada arteramente por la patronal entre las amplias masas (colismo). Las fuerzas políticas o sindicales organizadas -salvo contadas excepciones- no han pedido ni reclamado que se tomen medidas enérgicas de contención al principio y no en medio de cada ola de contagio. En esta fase, la de la toma de decisiones, a menudo prevalecen las movilizaciones funcionales, que piden aperturas, cuando más bien hay que cerrar todo, aunque sea por unos días, para obtener resultados significativos y duraderos. Se mantuvieron subordinados a los que no querían medidas de contención, con el resultado de que los daños sanitarios en términos de muertes y casos graves, el contagio de los trabajadores y sus familias, y los daños a la economía generalizada y a la vida social, fueron cada vez mayores. Si por un lado la denuncia de las evidentes responsabilidades de algunos administradores (véase el caso de la administración Fontana en Lombardía, claramente subordinada a las líneas dictadas por Confindustria) en la propagación del contagio fue objeto de una campaña positiva a finales de la pasada primavera, por otro lado no fue seguida de una política consecuente y agregada en el periodo posterior, cuando algunos “expertos” hablaron del “virus desaparecido”, o cuando torpemente los responsables de la toma de decisiones negaron el inicio de la segunda y tercera oleada, evitando así las necesarias medidas de contención oportunas.
Ante la ausencia de cobertura vacunal no queda más remedio que operar una contención basada en el control del contagio, con paradas rápidas y concentradas en el tiempo, para evitar esa cronicidad de medias tintas que tanto daño ha causado a la vida social sin resolver los aspectos sanitarios. Todo esto no es fruto de la casualidad, sino de los cálculos de quienes han considerado como aspecto central no la salud colectiva y la protección de las condiciones materiales, sociales y económicas de las personas, sino el PIB, la facturación y los beneficios de las grandes empresas capitalistas que, si nos fijamos bien, en muchos casos no han perdido un solo día de negocio, sino que ni siquiera han pagado el funeral de quienes han perdido la vida como consecuencia de este cínico cálculo.
La judicatura del Estado italiano, tan diligente en la investigación de quienes han denunciado las consecuencias de esta masacre social y material (y aquí de nuevo reiteramos toda nuestra solidaridad con las compañeras y compañeros investigados)[2], con más de cien mil muertos más en 2020 y una esperanza de vida disminuida en al menos un año, poco se ha preocupado por la falta de seguridad y controles en los centros de trabajo, en las fábricas y en la red logística; verdaderos motores de contagio junto con un desplazamiento que ha visto poca acción en la red de transporte público. Los grandes centros de trabajo deben ser controlados con pruebas aleatorias e hisopos de todo el personal y, si es necesario, cerrados durante unos días. Es necesario proporcionar apoyos economicos y garantizar los salarios de los empleados en los lugares de trabajo en los que se produzcan brotes, ya que de lo contrario se convertirán, como ha ocurrido, junto con los desplazamientos, en una fuente de contagio. Las pruebas de todos los empleados y la reapertura segura deben ser el centro de las reivindicaciones sindicales.
En este punto hay que ser claros y explícitos: ante una epidemia, el disciplinamiento de los movimientos de la población en función de los propios intereses de las grandes masas de la población, es inevitable y frente a esta necesidad caen todas las ilusiones y la cháchara liberal fuera de tiempo sobre la presunta “libertad de movimientos” como un valor absoluto que no existe en ningún país socialista (y para ser claros ni siquiera en los países de tradición liberal).
En estos temas los comunistas no pueden hacer nicho, como en las vacunas que deben ser reivindicadas como un derecho de todo ser humano y no ser objeto de mercantilización, aunque actualmente los precios estén regulados no por la “ley del libre mercado” sino por acuerdos entre estados (entre los que, sin embargo, está en marcha un juego geopolítico con evidentes vientos de guerra). La prioridad y el acceso a estos instrumentos debe ser objeto del más estricto control público y popular, organizado y consciente, no porque de otra manera las vacunas en su aspecto de “mercancía” no sean fiables (casi todos los instrumentos que utilizamos en nuestra vida, incluidos los medicamentos, el ordenador, están fabricados en régimen capitalista, lo que no implica que no funcionen) sino porque, como vemos, el mecanismo de competencia y confrontación geopolítica lleva a ralentizar lo que sería muy urgente y necesario. Los comunistas están en contra de la globalización capitalista y del “neoliberalismo”, no están en contra de la necesaria globalización de las fuerzas productivas, porque esto forma parte del desarrollo del carácter colectivo de estas fuerzas y de su naturaleza social. Los comunistas no son ludistas que despotrican contra las máquinas, contra la ciencia y la tecnología, contra la racionalidad, sino que luchan por sustraer esas máquinas, esa tecnología y esa ciencia al control de las actuales clases dominantes hasta ponerlas bajo la dirección de un gobierno que defienda auténtica y coherentemente los intereses populares. Estos aspectos, precisamente para no quedar suspendidos en la nube de los máximos sistemas, deben ser objeto de un programa compartido para un gobierno popular de emergencia, que recoja las voces y fuerzas presentes no sólo de los estrechos círculos militantes, sino de los trabajadores organizados en sus centros de trabajo y de la amplia red de organizaciones populares y territoriales. No debemos alimentar lecturas irracionalistas y retrógradas, como la psicosis contra vacunas que racional y científicamente no tienen razón de ser, u otras tendencias reaccionarias que se han desarrollado con fuerza en muchos países, incluido el nuestro.
Si entre las amplias masas de la población hay sectores que de forma totalmente legítima alimentan dudas sobre las vacunas, o se muestran subalternos a algunas tendencias de tipo objetivamente reaccionario, hay que arrastrarlos con el ejemplo de no “hacer la guerra a las vacunas” sino dirigir este rechazo a las clases dominantes de hoy (pero ya no dirigentes), es decir, a los responsables de la especulación o de los juegos geopolíticos para los que la salud de la gente no vale nada (¡no contra los centros de vacunación o las ambulancias o los trabajadores del sistema público de salud! ), es decir, hacia quienes han hecho la calculada elección de no actuar con prontitud en las medidas de contención para no tocar ciertos intereses claramente considerados -en esta sociedad capitalista- más importantes que el bien supremo de la protección de la salud y la vida colectivas de cientos de miles de personas. Esta es la mejor manera de tener la certeza de que los tratamientos y las vacunas se utilizarán, en el mejor de los casos, en nuestro propio interés y no en el de quienes especulan con los medicamentos y las vacunas o con cualquier otro descubrimiento científico e invención tecnológica, al igual que ocurre con cualquier otra mercancía en régimen capitalista.
La situación actual en Italia y en Europa se cubre ahora con una campaña de descrédito de la misma estrategia vacunal, confundiendo la práctica normal de seguridad y farmacovigilancia con una propaganda terrorista sobre el uso de las vacunas, con las autoridades europeas que son incapaces de garantizar una vacunación segura lejos de los continuos picos epidémicos. Los juegos geopolíticos sobre aspectos que conciernen a la protección de la salud colectiva -también aquí es bueno subrayarlo- frenan la posibilidad de una mayor disponibilidad de dosis de vacunas (por ejemplo, retrasando la evaluación de las vacunas de producción rusa o china), limitan la máxima disponibilidad en la recepción de las cantidades necesarias de dosis de los diferentes productores, levantan barreras y desprestigian las campañas dictadas por la competencia entre los diferentes productores, patentes y estados, y frustran lo que debería estar en el centro del interés público.
Sabemos que los comunistas no han logrado hasta ahora establecer el socialismo en ninguno de los países plenamente imperialistas, es decir, en ninguno de los países donde las fuerzas productivas han alcanzado un desarrollo más avanzado que en los países (semi)feudales y/o (semi)coloniales. Asistimos a una innegable marginalidad política y a un notable retraso en la comprensión de la nueva fase pandémica. El Movimiento Comunista Consciente y Organizado del último siglo ha logrado históricamente establecer el socialismo sólo en algunos de estos países (semi)feudales y/o (semi)coloniales a través de Revoluciones Antiimperialistas, Guerras de Liberación Nacional y Revoluciones de Nueva Democracia, transformando la guerra imperialista en una guerra civil contra la Burguesía Imperialista, durante la primera oleada de la Revolución Proletaria Mundial (aproximadamente desde 1917 hasta 1976), desde la Rusia zarista hasta la China feudal, desde Cuba hasta Vietnam, desde la República Popular de Corea hasta Laos, desde los países de Europa del Este hasta algunos países africanos, así como las experiencias revolucionarias en América Latina, donde durante largos períodos las fuerzas antiimperialistas y comunistas han afirmado el control territorial, aunque no han podido conquistar el poder. Sabemos que las limitaciones ideológicas y los errores de los comunistas de los países imperialistas no les han permitido tener el éxito necesario para evitar el reflujo del Movimiento Comunista Internacional. Es decir, la Revolución Proletaria sólo triunfó en aquellos países en los que las fuerzas productivas y las infraestructuras no estaban aún plenamente desarrolladas, como ocurre en los países imperialistas. El propio Lenin señaló que en los países oprimidos habría sido más fácil hacer triunfar la Revolución Proletaria, pero habría sido más difícil construir el Socialismo; por el contrario, en los países imperialistas habría sido más difícil hacer triunfar la Revolución (lo que es aún más cierto a la luz del desarrollo posterior de los regímenes de contrarrevolución preventiva en los Estados burgueses) y más fácil construir el Socialismo, dado el desarrollo más avanzado del carácter colectivo de las fuerzas productivas. Incluso en los países imperialistas, las tendencias revisionistas, no científicas y no revolucionarias se abrieron paso en varias ocasiones, hasta desembocar en las principales tendencias del revisionismo moderno, pero hace apenas cien años, precisamente en el contexto de una crisis de posguerra y pospandémica no resuelta, tomaron forma las movilizaciones reaccionarias de masas, que las clases dominantes supieron dirigir hacia el movimiento fascista. No han faltado en los últimos meses episodios y movilizaciones con características ambiguas, cuando no abiertamente reaccionarias, reivindicando la inexistencia de una emergencia que ha acortado en un año la esperanza de vida en Italia, con el resultado de más de cien mil muertos más al año. Están en un error quienes han identificado como enemigo las formas necesarias de protección y prevención sanitaria, o la búsqueda de vacunas, y no el hecho de que estas medidas, si han sido poco efectivas y de duración interminable, es precisamente porque se ha optado cada vez por negar la emergencia y la intervención oportuna, en favor de la actividad económica y productiva inmediata. Al cabo de un año vemos los resultados de este enfoque repetido, hecho de retrasos y medias tintas. Resultados trágicos tanto a nivel sanitario como socioeconómico.
Como afirma el camarada Fabrizio Chiodo -que obviamente conoce el tema, al ser colaborador del centro Finlay de la Habana para la producción de vacunas cubanas-, el propio concepto de vacunación contradice los intereses del capitalismo porque se basa en la prevención y no en la curación. Ahora se sabe, de hecho, que es mejor prevenir que curar, pero curar en lugar de prevenir suele ser más rentable para la especulación y el parasitismo de los capitalistas, sus farmacéuticas, los sistemas privados de salud. La prevención (y por lo tanto también los instrumentos de vacunación que son parte indispensable de ella) es el arma más eficaz que la organización socialista de la sociedad puede aprovechar. El fracaso de la ideología del “libre mercado” y la crisis del modo de producción capitalista ante la emergencia es hoy innegable. Todo ello pone a la orden del día la necesidad de la instauración del socialismo como respuesta a ésta y a las grandes urgencias que afligen a la humanidad, como modelo de desarrollo calibrado a las necesidades humanas. La prevención y la salud colectiva valorada al máximo estarán en el centro de las batallas de los próximos años. Un reto para los países socialistas y antiimperialistas, pero también en los países donde el socialismo aún no se ha establecido. El socialismo es la prevención antes que la cura.

[1] Un Comité Popular no domesticado y que pone de manifiesto públicamente las responsabilidades de Confindustria y de las autoridades institucionales subordinadas a ella por la masacre provocada por la mala gestión de la pandemia en Bérgamo, acaba inevitablemente “atenuado” y criminalizado por quienes tienen todo el interés en desacreditarlo (véase la página homónima del Comité Popular fb).
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Dos semanas después de su publicación, y tras más de un año desde los anteriores artículos “Il Covid dà i numeri! ” e “Italia: reflexiones sobre la pandemia y la validez del distanciamiento social”, además de la confirmación de los resultados chinos, vietnamitas y de otros países, es interesante el estudio publicado en la destacada revista científica The Lancet donde se ponen de manifiesto los efectos y las consecuencias de forma comparativa, en términos de impacto en la vida social, en las consecuencias sanitarias, en las consecuencias a nivel económico de las dos vías: la vía de las medias tintas seguida, por ejemplo, por los países europeos y la vía de una contención férrea y limitada en el tiempo. El estudio, basado en datos y comparaciones entre los dos enfoques diferentes, va en la dirección de confirmar en esencia lo que se ha afirmado aquí desde marzo de 2020 en los artículos mencionados. 
En The Lancet, una comparación entre los resultados de la estrategia de medidas de mitigación a medias (intervenciones graduales de mitigación orientadas a no sobrecargar el sistema sanitario y sin impacto en el sistema productivo) y los conseguidos mediante la estrategia de erradicación de #zerocovid a través de la contención estricta de la infección, las pruebas masivas, el seguimiento, la reapertura.
La comparación muestra, entre otras cosas:
– Desde el punto de vista sanitario, las muertes por COVID-19 por cada millón de habitantes en los países de la OCDE que optaron por la estrategia de contención y erradicación (Australia, Islandia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur) fueron unas *25 veces menores* que en los países de la OCDE que prefirieron la mitigación a medias y “vivir con el virus”, incluida la Italia posterior al bloqueo del año pasado.
– Quienes piensen que la táctica de las medias tintas ha servido para “proteger la economía” en general, pueden ver cómo en los cinco países que optaron por la estrategia de contención y erradicación territorial, el crecimiento del PIB volvió a los niveles previos a la pandemia ya a principios de 2021, viceversa por nosotros el crecimiento sigue siendo negativo y así en el resto de países de la OCDE que han seguido el tortuoso camino de las medias tintas. En particular, esto se hizo para no detener la producción y las actividades principales, incluso sólo dos semanas al comienzo de cada ola, antes de un fuerte crecimiento numérico exponencial. Al coste en vidas humanas se suma el coste económico y social, con un impacto desastroso en la economía y las actividades culturales generalizadas. En la práctica, en el altar del beneficio de las exportaciones, se sacrificaron las vidas de decenas de miles de personas, así como las condiciones materiales de existencia de millones de trabajadores, con las pequeñas empresas al borde del abismo y los despidos a las puertas.
– Los que ladraron que “nos están encerrando” en el momento del primer y único encierro, alentando las medias tintas prolongadas, verán que en lo que respecta a las restricciones, las libertades se han visto más afectadas en los países de la OCDE que han optado por la mitigación y las medias tintas. De hecho, las enérgicas medidas adoptadas por los países para la rápida contención, el control de los contagios hasta la erradicación de cualquier brote, la rápida resolución del problema ha devuelto rápidamente la vida social y la economía generalizada a la normalidad, como ya ha demostrado el éxito histórico en la República Popular China bajo el liderazgo del PCC y las autoridades científicas y sanitarias locales.
Hay quien piensa que el debate entre la mitigación de las medidas a medias y la estrategia de contención es una cuestión académica, carente de interés político u objeto de una polarización inútil, porque pronto la vacuna resolverá todos los problemas, o porque la llegada del verano hará que se vuelva a decir que el virus ha desaparecido clínicamente (pero este año no salimos del encierro de Conte, sino de la línea Bolsonaro de Draghi). De hecho, décadas de experiencia dicen que las vacunas por sí solas no son decisivas y no en poco tiempo, las vacunas pueden mitigar pero no resolver mágicamente.
La erradicación de la viruela supuso una lucha de décadas y la vacunación fue acompañada de campañas de comunicación y compromiso público, pruebas de población, seguimiento, lo mismo que con la polio. Lo que se hace con las epidemias, debe hacerse también con el covid si queremos librarnos de él, si no queremos seguir condicionados y subyugados durante largos años a esta situación, expuestos a todos los riesgos que conlleva.
Los que después de un año, en el ámbito político, insisten en la demora, no se posicionan, no tienen una línea sobre qué hacer para salir de la emergencia, siguen estando de acuerdo con las diversas tesis minimizadoras útiles para el capital, cuando no son dignos del reino de Q o ByoBlu u otros propagandistas de la irracionalidad, muestran incapacidad para analizar la realidad concreta y/o mala fe. En ambos casos tremenda subalternidad a una clase política e industrial entre las peores del mundo, de la que depende una tragedia sin precedentes recientes, tanto humana como sanitaria y económica social.
Enlace The Lancet 28 abril 2021: thelancet.com
Gracias a Alessandro Ferretti por las consideraciones y el informe del artículo.

Jhon Montesinos: “Legitimamos el compromiso de las universidades en la formación de la Criptoactividad”

La ideas es legitimar el conocimiento de la Criptoactivdidad y el Ecosistema Petro en el país.

La ideas es legitimar el conocimiento de la Criptoactivdidad y el Ecosistema Petro en el país.

por Yahvé Álvarez
Yahvealvarez1@gmail.com

En gira nacional desde el estado Zulia

En la cede la Universidad Unasur en el occidente del país, se promueve el conocimiento en la economías digitales como alternativa financiera positiva para el pueblo venezolano.

En gira nacional, de formación y divulgación instruccional la dinámica de la “Criptoactividad en Venezuela se legitima desde el pódium que ofrece la educación superior del país”, puntualizo en experto en Criptomonedas Jhon Montesinos.

El especialista en economía digital, Jhon Montesino, Secretario General de la Criptoactivo del Federación venezolana de Estudiantes Universitario (FVEU), y presidente de la Red de Entusiasta en Criptoeconomía (REC), desde el Centro De Investigación Administrativos, Contables y Económicos, del Municipio Colon Santa bárbara Estado Zulia, aseveró que “En esta nueva esta económica del país, producto de la agudización del bloque y las sanciones económicas del exterior, las universidades públicas de la nación, proponen legitimar el conocimiento de la zona Critopactivo, como mecanismo alternativo para oxigenar las finanzas del país”.

Contenido de la actividad

No obstante sobre la base de esta realidad, el especialista en economía digital, Montesinos, el Criptoentusiasta presentó una ponencia, titulada, “Criptomonedas y Ecosistemas Petro”, como parte de una agenda de gira nacional, orientada en informar en términos pedagógicos “la importancia que juega, en las universidades y centros de investigación especializados en la materia, la generación del conocimiento necesaria y practico, en la población general, todo esto para hacer posible una nueva cultura positiva en el país, en el uso productivo y óptimo de la dinámica que juega la Criptoactividad, para la sana finanzas de la nación, y su relación comercial con sus socios estratégicos fuera del país”.

Esta actividad académica y de divulgación pedagógica, estuvo acompañado con los especialistas en el área de la economía digital como Carlos Oñates Vicepresidente de la REC y Francisco Bueno, como coordinador REC para el área centro occidental del país; todo esto con el apoyo de las autoridades regionales del estado Zulia, y los miembros del Consejo Universitario de las instituciones de formación superior visitadas en la zona.

Es importante subrayar, que todo esto este esfuerzo de gira nacional, es para hacer posible, los preparativos del “II Congreso Nacional de Criptoactivos” Aragua 2021, actividad a realizarse entre los días 22 al 24 de abril del presente años. “EL PETRO EXISTE Y ES REAL EN LA ECONOMÍA DEL PAÍS”.

 

Che prezzo ha la pace?

Nessuna descrizione della foto disponibile.di Giuseppe Acciaio 

Alla fine del 2020 l’esercito australiano ha pubblicato il resoconto dei crimini di guerra commessi dai propri soldati in Afghanistan, i cui particolari hanno scosso tutte le comunità del mondo e hanno inferto un duro colpo alla reputazione politica del continente verde, uno dei principali alleati degli Stati Uniti al di fuori della NATO nella protezione e promozione della democrazia e dei valori europei.

Tanto acclamato rapporto è il frutto di un’indagine durata quattro anni, svolta sotto la guida del giudice e l’ispettore generale delle forze armate Australiane Paul Brereton. Il motivo di tale indagine è stata la relazione presentata dalla sociologa Samantha Crompvoets, che stava effettuando la ricerca sul servizio dei soldati delle forze armate speciali. Durante le numerose interviste dei soldati, lei ha scoperto che alcuni di loro hanno ucciso diversi afgani disarmati, cosa che lei ha immediatamente segnalato al comando dell’esercito australiano.

Dopo aver verificato numerosi fatti, descritti dettagliatamente dalla sociologa, la commissione capeggiata da Brereton è arrivata alla conclusione, che nel periodo della permanenza del gruppo internazionale nell’Afghanistan i soldati australiani hanno ucciso come minimo 39 civili e prigionieri. E due persone sono state sottoposte a delle torture.

Oltre alle prove fornite nel documento che testimoniavano i 39 omicidi commessi dall’élite delle forze speciali australiane, si è scoperto che le vittime dei soldati non erano i terroristi, come l’Occidente voleva credere e presentare al mondo intero, ma civili e i presunti membri dei gruppi radicali che al momento del massacro erano disarmati e non rappresentavano alcuna minaccia.

Ancora più scioccante è il fatto che gli omicidi dei civili, come segue dal rapporto, erano fondati su una specie del codice interno, esistente tra gli ufficiali militari noto anche come “il battesimo di sangue”, che doveva istruire i giovani soldati, arrivati per la prima volta nella zona di guerra, sottoponendosi a questo rito barbarico. Inoltre non era affatto necessario di scendere sul campo di battaglia, per nascondere le barbarie, i valorosi difensori dei valori e principi morali europei ai corpi martoriati aggiungevano le trasmittenti e gli armi per inscenare la minaccia.

Tra numerose atrocità elencate nel report vi è un episodio scioccante, che resterà impresso a lungo nelle menti della comunità mondiale, compromettendo del tutto l’immagine delle forze militari Australiane.

 Nel poco lontano 2012, durante il pattugliamento della zona i soldati australiani avevano fermato due adolescenti afgani i quali erano sospettati di essere collegati ai talebani.Durante la loro perquisizione non è stato trovato nulla di illegale, ciò nonostante i militari hanno tagliato senza pietà la gola ai quattordicenni,dopodiché li hanno messo nei sacchi e scaricato i corpi nel fiume più vicino. Purtroppo questo è solo un esempio, preso a caso, dal rapporto sui crimini commessi dalle forze speciali australiane in Afghanistan.

Oltre al fatto stesso degli omicidi di massa dei civili afgani, ancora di più suscita la preoccupazione il fatto che non è stata aperta alcuna indagine e la notizia di tali atrocità è sfuggita dall’attenzione delle organizzazioni internazionali per la tutela dei diritti umani, e i colpevoli restano a giorno d’oggi del tutto impuniti.

Il capo delle forze armate Australiane Angus Campbell per le barbarie dei suoi subordinati si è scusato pubblicamente davanti al paese, e per non danneggiare ulteriormente l’immagine ha annunciato una serie di riforme nella struttura militare e il riesame dell’assegnazione delle onorificenze dei soldati che hanno prestato il servizio militare in Afghanistan.

Il Primo Ministro australiano Scott Morrison ha chiesto pubblicamente scusa per gli omicidi al Presidente Afgano Ashraf Ghani, gli ha promesso che punirà severamente le persone che li hanno commesso. Anche se, a giorno d’oggi, a parte le vuote promesse nulla è stato fatto.

La maggior parte dei difensori dei diritti umani in Australia è convinta che il processo contro gli assassini si protrarrà per gli anni, in modo che, nessuno dei colpevoli sconterà la pena per i crimini commessi. Tuttavia l’indifferenza australiana all’argomento in qualche modo si spiega con la cinica indifferenza delle autorità afgane. Il presidente Ashraf Ghani ha accettato le pubbliche scuse del Primo Ministro, in prospettiva di non compromettere futuri investimenti e gli aiuti dell’Occidente, affrettandosi a dimenticare gli omicidi dei propri compatrioti. 

L’Europa insieme alle sue infrastrutture per la tutela dei diritti umani, ha preferito di non mettere sotto i riflettori le atrocità commesse per non danneggiare l’immagine dei valori europei, radicata nella società mondiale che esclude a priori la commissione di atti barbarici con tale violenza.

 Anche se gli atti sopramenzionati, nella loro sostanza sono i sintomi di una società psicologicamente malsana. In questa prospettiva, l’accettazione e la consapevolezza di tale piaga, e la sua discussione potrebbe essere il primo passo per il suo sradicamento e cura. Dopotutto, nessuno di noi vorrebbe incontrare in tempi pacifici le persone che hanno commesso tali crimini.

È importante sottolineare che il report di Brereton è solo la punta dell’iceberg, in realtà, tali omicidi vengono commessi più spesso di quanto si crede non solo dai rappresentati del contingente australiano, ma anche da altre forze alleate, dove negli Stati Uniti tutto questo è sostenuto da una sorta del “codice del silenzio”, che a sua volta produce un circolo vizioso per commettere altri crimini.

A questo proposito, è del tutto lecito chiedersi: l’Europa e l’Occidente hanno il diritto morale di promuovere gli alti valori della democrazia con le armi in mano, se i loro rappresentanti, portatori di questi valori, calpestano sfacciatamente e cinicamente ciò che è il cardine fondamentale dello sviluppo della società moderna –  la vita e i diritti umani?

Forze produttive, sanità pubblica, contrasto all’epidemia

di Adriano Ascoli e Ciro Brescia

* A distanza di due settimane dalla pubblicazione, e dopo oltre un anno dai precedenti articoli “Il Covid dà i numeri!” e “Italia: riflessioni sulla pandemia e validità del distanziamento sociale“, oltre alla conferma del risultato cinese, del Vietnam e di altri Paesi, è interessante lo studio pubblicato sulla autorevole rivista scientifica The Lancet dove si evidenziano in forma comparativa gli effetti e le conseguenze, in termini di impatto sulla vita sociale, sulle conseguenze sanitarie, sulle conseguenze sul piano economico delle due vie: la via delle mezze misure seguita ad esempio dai paesi europei e la via di un contenimento stretto quanto delimitato nel tempo. Lo studio, sulla base di dati e raffronti tra i due differenti approcci, va nella direzione di confermare nella sostanza quanto qui affermato dal marzo 2020 nei suddetti precedenti articoli. *

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Scriviamo queste note esprimendo la nostra piena solidarietà alla compagna Pia Panseri e al compagno Gianfranco Fornoni del Comitato Popolare Verità e Giustizia per le vittime della Covid-19 di Bergamo[1], colpiti dalla repressione per il loro impegno sociale e politico al fine di far emergere la verità sui responsabili della strage quotidiana che stiamo vivendo, a causa della mala gestione della pandemia da parte dello Stato, delle istituzioni centrali e regionali, delle politiche antipopolari da essi attuate nel nostro paese. Con queste righe vogliamo dare il nostro contributo alla riflessione collettiva su un tema oggi centrale: troppo spesso prevale una lettura della nuova fase pandemica confusa, quindi subalterna e funzionale alle narrazioni delle classi dominanti. Una polarizzazione controllata, spinta tanto nel mainstream quanto nel suo lato oscuro, tende a confondere e intossicare la percezione ed i pensieri di gran parte della popolazione. Riteniamo esiziale fare concessioni a questa polarizzazione nella ricerca di facile e spicciolo consenso, quando invece la situazione richiede un ragionamento rigoroso.

 

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Come è possibile che alcuni paesi arretrati nel loro sviluppo infrastrutturale, come Cuba ed altri – nonostante siano colpiti dalle criminali sanzioni internazionali da parte dei paesi imperialisti – abbiano ottenuto apprezzabili risultati rispetto alla lotta contro la pandemia da Covid-19, al contrario di ciò che sta accadendo nel nostro paese in un contesto di maggiore sviluppo delle forze produttive e spesso con un sistema sanitario – dal punto di vista delle infrastrutture e delle risorse disponibili – assai più evoluto? Ciò è stato possibile perché questi paesi si sono dati gli strumenti adeguati per fare fronte all’emergenza grazie ad una differente organizzazione della società, e lo hanno dovuto praticare facendo di necessità virtù poiché sono paesi che non godono di forze produttive ed infrastrutture sviluppate, capillari ed articolate di cui invece sono dotati i paesi più ricchi, i paesi imperialisti come lo è l’Italia (nonostante i quarant’anni di tagli alla sanità pubblica e le concomitanti privatizzazioni, il sistema sanitario italiano continua ad essere tra i più avanzati). Nel caso dei paesi che hanno al loro attivo il compimento di un processo rivoluzionario – nelle differenti varianti di socialismo ed anti-imperialismo – abbiamo visto la mobilitazione di organizzazioni di massa strutturate nei diversi ambiti della vita sociale e lavorativa, politica e culturale; queste non hanno solo improvvisato ma in qualche misura hanno agito sulla base di decenni di esperienza e di lavoro teorico e pratico, combinandoli con i necessari livelli di mobilitazione e direzione determinanti per far fronte all’emergenza. Organizzazioni che rispondono ad un comando unitario, che fanno capo a una direzione politica tendenzialmente chiara e coerente, ad una linea politica non certo improvvisata ma che ha una continuità sviluppatasi in decenni di costruzione dopo il trionfo della Rivoluzione nel loro paese.

 

Una linea che nel caso cinese e di molti altri paesi che hanno seguito quell’esempio, ha posto al centro la tutela della salute collettiva e i criteri scientifici, quale pilastro per un contrasto immediato all’epidemia, minimizzando sia il danno sanitario sia quello socio-economico, con interventi precoci e limitati nel tempo. In questi paesi – è necessario sottolineare, ancora una volta, questo concetto – i loro dirigenti ed i loro popoli hanno dovuto fare di necessità virtù puntando principalmente sulla prevenzione, per evitare di dover agire poi con strumenti di cui in generale sono scarsamente dotati e per evitare di cadere in una crisi ingestibile. I paesi imperialisti dotati di strumenti in teoria più avanzati, in realtà hanno fallito sul terreno del contenimento dei contagi cacciandosi in un pantano. Non hanno attuato una strategia di contenimento del contagio, con i risultati che sono sotto gli occhi di tutti. Nella Repubblica Popolare Cinese, così come in altri paesi, non hanno aspettato che arrivassero medicine specifiche o vaccini (che ancora non sono pronti e sufficienti, visto che i paesi imperialisti se li sono accaparrati, a cominciare dagli USA, dalla GB e da Israele, e a ruota gli altri paesi della UE e che le capacità produttive su scala planetaria continuano ad essere limitate). In Cina si sono dati da fare confinando – attraverso una capillare mobilitazione ed organizzazione di massa – la popolazione dove, come, quanto e quando è stato necessario farlo; così ne è uscita la Cina, così ha fatto la Corea popolare, chiudendo ancora più ermeticamente i suoi confini, così ha fatto il Vietnam, così ha fatto Cuba, mantenendo viva l’esperienza accumulata in ambito epidemiologico dall’URSS nel secolo passato, investendo nella ricerca scientifica fino alla progettazione e realizzazione di vaccini e medicamenti specifici. Nei principali paesi imperialisti e diretti da governi neoliberisti, si è lasciato correre il virus più o meno liberamente e con misure ogni volta tardive, fino ad arrivare a perdere il controllo dei contagi e a registrare decine di migliaia, centinaia di migliaia di morti (come in USA o in Brasile, ma anche dalle nostre parti). Abbiamo visto i balletti delle zone colorate, con i dati occultati o addomesticati dagli amministratori al fine di evitare misure necessarie. Chi ha attuato un vero contenimento, invece che una relativa mitigazione cronica, ha fermato TUTTO quando necessario, ma per un periodo breve e poi ha riaperto quasi tutto, minimizzando tanto i danni umani quanto quelli economico-sociali. Bene ricordare come i paesi che hanno attuato questa strategia vincente hanno fermato quando necessario e per periodi molto limitati anche fabbriche e pendolarismo ed ogni attività non strettamente essenziale. In Italia al contrario le fabbriche nel cuore dei focolai padani non chiusero neppure nel marzo-aprile 2020 e l’epidemia dilagò così in mezzo mondo nel giro di pochi giorni, mentre tra i principali leaders politici andavano di moda aperitivi sui navigli e scaramantiche negazioni della tempesta che stava arrivando.

 

Per completezza va menzionato che persino alcuni paesi non certo socialisti, come Israele (da non tacere la negazione criminale dei vaccini alla Palestina, come i paesi occidentali con le sanzioni) o l’Australia, hanno ottenuto risultati positivi al proprio interno proprio contenendo la circolazione della popolazione per periodi limitati, al fine di garantirsi la possibilità di “ritornare alla normalità” o per affrontare in sicurezza la fase della vaccinazione massiva. Questo dimostra che non bisogna aspettare di diventare un paese socialista per attuare le necessarie misure di prevenzione basate su criteri scientifici confermati dall’esperienza; lo si può fare già da subito se c’è la necessaria volontà politica per farlo. Anzi, nella misura in cui i movimenti popolari riescono ad imporre l’applicazione delle necessarie misure di prevenzione, questi saranno utili trampolini di lancio per avanzare con più forza e determinazione verso l’instaurazione del Socialismo.  

Incrociando i dati sulla mortalità generale dei principali paesi si può con facilità evidenziare come i decessi conseguenti all’epidemia covid-19 sono stati ampiamente sottostimati, e lo sono ancora. I paesi come il nostro che non hanno optato per un rigido controllo dei contagi e con un distanziamento anticipato nel momento opportuno (all’inizio di ogni ondata epidemica, prima di ogni repentino balzo esponenziale dei contagi) hanno dovuto agire con successive misure ad ampio spettro e prolungate nel tempo, o con mezze misure che per non scontentare nessun settore politico o della popolazione hanno finito poi per scontentare praticamente tutti. Gli unici che non a caso ne hanno tratto invece grande giovamento sono stati i grandi speculatori finanziari e capitalisti loro affini, in particolare il settore dell’industria da Export, i quali in molti casi non hanno fermato la produzione neppure una settimana, ciò a scapito di ogni altro ambito sociale ed economico penalizzato da misure prolungate. Trasmissioni e talk-show hanno sezionato perfino le buone abitudini intime, ma fabbrica, call-center e pendolarismo non li hanno nominati neppure i vari decreti, eccetto nel primo ed unico lockdown della primavera 2020, dopodiché entrò in scena il dicktat del potere economico sintetizzato nello slogan “convivenza con il virus”. Per occultare la propria impreparazione non potevano fare altrimenti. Le misure prese in prossimità del picco epidemico attenuano solo gli esiti più catastrofici sul sistema sanitario, ma non evitano decine di migliaia di vittime ogni volta, quando invece sarebbe opportuno e necessario “fare come la Cina” per mettere sotto controllo la diffusione dei contagi: lockdown (con connessi test e tracciamento massivi) per un periodo limitato ma anticipato e coordinamento di tutti i settori e delle organizzazioni di massa – nel caso italiano si tratta di tutto il tessuto del terzo settore, associativo e del volontariato che esiste e stimolando la creazioni di reti di solidarietà popolare apposite, realtà queste che pure hanno cominciato a nascere per fare fronte all’emergenza. È mancata la volontà politica istituzionale, da una parte, tirata da ogni lato nella subalternità agli interessi dei grandi gruppi economici, e la capacità, autonomia e forza dei comunisti, dall’altra, di individuare e proporre a tempo le misure da mettere in campo, le decisioni tempestive da attuare, lasciandosi spesso influenzare da scelte opportunistiche e di comodo o dalla subalternità diffusa ed alimentata ad arte dai padroni tra le larghe masse (codismo). Le forze politiche o sindacali organizzate – con poche eccezioni – non hanno chiesto e rivendicato di prendere misure energiche di contenimento all’inizio e non a metà di ogni ondata di contagi. In questa fase – quella delle decisioni – hanno spesso prevalso mobilitazioni funzionali chiedendo aperture, quando era invece il momento di chiudere tutto anche per pochi giorni per ottenere risultati significativi e duraturi. Si è rimasti subalterni a chi non voleva misure di contenimento, col risultato che i danni sanitari in termini di morti e casi gravi, i contagi di lavoratori e delle loro famiglie, e i danni per l’economia diffusa e la vita sociale, sono stati ogni volta maggiori. Se da un lato la denuncia delle evidenti responsabilità di alcuni amministratori (vedi il caso dell’amministrazione Fontana della Lombardia palesemente subalterna alle linee dettate da Confindustria) nella diffusione del contagio fu oggetto di una positiva campagna alla fine della scorsa primavera, dall’altro non ne è seguita una politica ed una aggregazione conseguente nel periodo successivo, quando alcuni prezzolati parlavano di “virus scomparso”, o quando goffamente chi aveva responsabilità nel prendere decisioni negava l’inizio della seconda e della terza ondata, evitando così i necessari interventi tempestivi di contenimento.

In mancanza di una copertura vaccinale non c’è alternativa all’operare un contenimento basato sul controllo del contagio, con fermi rapidi e concentrati nel tempo, per evitare quella cronicità di mezze misure che tanto danno ha arrecato alla vita sociale senza risolvere gli aspetti sanitari. Tutto ciò non è conseguenza del caso, ma del calcolo di chi ha considerato quale aspetto centrale non la salute collettiva e la tutela delle condizioni materiali sociali ed economiche del popolo, ma piuttosto il PIL, il fatturato ed i profitti delle grandi imprese capitaliste che, a ben guardare, in molti casi non hanno perso neppure un giorno di attività, ma a chi ha perso la vita per questo cinico calcolo non hanno pagato neppure il funerale.

La magistratura dello Stato italiano, così solerte nell’indagare chi ha denunciato le conseguenze di questo massacro sociale e materiale (e qui di nuovo va reiterata tutta la nostra solidarietà alle compagne e ai compagni inquisiti)[2], con oltre centomila decessi in più nel 2020 ed una aspettativa di vita calata di almeno un anno, poco si è occupata della mancanza di sicurezza e controlli nei luoghi di lavoro, nelle fabbriche e nella rete della logistica; veri volani del contagio assieme ad un pendolarismo che ha visto scarsi interventi sulla rete del trasporto pubblico. I grandi luoghi di lavoro devono essere monitorati con test e tamponi a campione di tutto il personale e se necessario provvedere a chiusure per alcuni giorni. Necessario provvedere ai ristori e garantire il salario per i dipendenti nei luoghi di lavoro dove si verificano eventuali focolai che altrimenti si trasformano, come avvenuto, assieme al pendolarismo, in volano del contagio. Test su tutti i dipendenti e riapertura in sicurezza dovrebbero essere al centro delle rivendicazioni sindacali.

Su questo punto bisogna essere chiari ed espliciti: di fronte ad una epidemia il disciplinamento dei movimenti della popolazione in funzione degli interessi stessi delle larghe masse della popolazione, è imprescindibile e contro questa necessità cadono tutte le illusioni e le chiacchiere liberali fuori tempo massimo sulla presunta “libertà di movimento” come valore assoluto che non esiste in nessun paese socialista (e a ben vedere neppure nei paesi di tradizione liberale).

Su questi aspetti i comunisti non possono nicchiare, come sui vaccini che devono essere rivendicati come un diritto di ogni essere umano e non essere soggetti a mercificazione, benché attualmente i prezzi siano regolati non dalla “legge del libero mercato” ma da accordi tra stati (tra i quali è però in corso una partita geopolitica con evidenti venti di guerra). La priorità e l’accesso a questi strumenti bisogna che sia soggetta al più stretto controllo pubblico e popolare organizzato e cosciente, non perché altrimenti non siano attendibili i vaccini nel loro aspetto “merceologico” (quasi  tutti  gli strumenti che usiamo nella nostra vita, inclusi i medicinali, il computer di chi scrive e quello di chi legge, sono realizzati in regime capitalistico, il che non implica che non funzionino) ma perché, come vediamo, il meccanismo della competizione e del confronto geopolitico porta a rallentare ciò di cui ci sarebbe forte urgenza e necessità. I comunisti sono contro la globalizzazione capitalistica ed il “neoliberismo”, non sono contro la necessaria globalizzazione delle forze produttive, poiché questa è parte dello sviluppo del carattere collettivo di tali forze e della loro natura sociale. I comunisti non sono luddisti che si scagliano contro le macchine, contro la scienza e la tecnologia, contro la razionalità, ma lottano per sottrarre queste macchine, questa tecnologia e questa scienza al controllo delle attuali classi dominanti fino a metterle sotto la direzione di un governo che ne difenda autenticamente e coerentemente gli interessi popolari. Questi aspetti, proprio per non rimanere sospesi sulla nube dei massimi sistemi, è necessario che siano oggetto di un programma condiviso per un governo di emergenza popolare, raccogliendo le voci e le forze presenti non solo delle ristrette cerchie militanti, ma dei lavoratori organizzati sui proprio posti lavoro e della diffusa rete delle organizzazioni popolari e territoriali. Non bisogna alimentare letture irrazionalistiche e retrograde, come le psicosi contro i vaccini che razionalmente e scientificamente non hanno alcuna ragion d’essere, o altre tendenze reazionarie che pure si sono fortemente sviluppate in molti paesi, incluso il nostro.

Se tra le larghe masse della popolazione ci sono settori che in maniera del tutto legittima nutrono dubbi sui vaccini, o si mostrano subalterni ad alcune tendenze di tipo oggettivamente reazionario, bisogna trascinare loro con l’esempio non “a fare la guerra ai vaccini” ma indirizzare questo rifiuto verso le classi oggi dominanti (ma non più dirigenti), ossia verso chi è responsabile di speculazioni o giochi geopolitici per i quali la salute del popolo non vale nulla (non contro i centri vaccinali o le ambulanze o i lavoratori del sistema di salute pubblico!), ossia verso chi ogni volta ha compiuto la scelta calcolata di non agire tempestivamente nelle misure di contenimento per non toccare determinati interessi in tutta evidenza considerati – in questa società capitalistica – più importanti del bene supremo della tutela della salute collettiva e della vita di centinaia di migliaia di persone. Questo è il modo migliore per avere la certezza che cure e vaccini saranno utilizzati al meglio, nel pieno interesse nostro e non di chi specula su medicine e vaccini o su qualsiasi altra scoperta scientifica ed invenzione tecnologica, esattamente come avviene con ogni altra merce in regime capitalistico.

La situazione attuale in Italia ed in Europa è oggi coperta con una campagna di discredito della stessa strategia vaccinale, confondendo la normale prassi di sicurezza e farmacovigilanza con una propaganda terroristica circa l’uso dei vaccini, con le autorità europee che non sono in grado di garantire una vaccinazione in sicurezza lontano da continui picchi epidemici. Giochi di tipo geopolitico su aspetti che riguardano la tutela della salute collettiva – anche qui è bene rimarcarlo – frenano la possibilità di una più ampia disponibilità di dosi vaccinali (ad esempio ritardando la valutazione dei vaccini di produzione russa o cinese), limitano la massima disponibilità nel ricevere i necessari quantitativi di dosi dai differenti produttori, alzano barriere e campagne di discredito dettate dalla concorrenza tra differenti produttori, brevetti e stati, e frustrano ciò che dovrebbe essere al centro dell’interesse pubblico.

Sappiamo che i comunisti non sono riusciti sino ad oggi ad instaurare il socialismo in nessuno dei paesi compiutamente imperialisti, ossia in nessuno di quei paesi dove le forze produttive hanno raggiunto uno sviluppo più avanzato rispetto ai paesi (semi)feudali e/o (semi)coloniali. Assistiamo ad una innegabile marginalità politica e un sensibile ritardo nella comprensione della nuova fase pandemica. Il Movimento Comunista Cosciente ed Organizzato del secolo scorso è riuscito storicamente ad instaurare il socialismo solo in alcuni di questi paesi (semi)feudali e/o (semi)coloniali attraverso Rivoluzioni Antimperialiste, Guerre di Liberazione Nazionale e Rivoluzioni di Nuova Democrazia, trasformando la guerra imperialista in guerra civile contro la Borghesia Imperialista, durante la prima ondata della Rivoluzione Proletaria Mondiale (grossomodo dal 1917 al 1976), dalla Russia che fu zarista alla Cina che fu feudale, da Cuba al Vietnam, dalla Corea popolare al Laos, dai paesi dell’est Europa fino ad alcuni paesi africani, oltre alle esperienze rivoluzionarie latinoamericane, dove per lunghi periodi le forze antimperialiste e comuniste hanno affermato un controllo territoriale, pur non riuscendo a conquistare il potere. Sappiamo che i limiti ideologici e gli errori dei comunisti nei paesi imperialisti non hanno consentito loro di avere il successo necessario per evitare che il Movimento Comunista Internazionale rifluisse. Ossia, la Rivoluzione Proletaria ha trionfato solo in quei paesi in cui le forze produttive e le infrastrutture non erano ancora pienamente sviluppate, come invece lo sono nei paesi imperialisti. Lenin stesso mise in evidenza che nei paesi oppressi sarebbe stato più semplice far trionfare la Rivoluzione Proletaria, ma era più difficile costruire il Socialismo; viceversa nei paesi imperialisti più difficile sarebbe stato far trionfare la Rivoluzione (cosa poi ancor più vera alla luce del successivo sviluppo dei regimi di controrivoluzione preventiva negli stati borghesi) e più facile costruire poi il Socialismo visto il più avanzato sviluppo del carattere collettivo delle forze produttive. Anche nei paesi imperialisti si fecero largo a più riprese tendenze revisioniste, non scientifiche, non rivoluzionarie, fino a sfociare nelle tendenze principali del revisionismo moderno, ma giusto cento anni fa, proprio in un contesto di crisi irrisolta post-bellica e post-pandemica presero corpo mobilitazioni di massa di tipo reazionario che le classi dominanti seppero indirizzare nel movimento fascista. Non sono mancati in questi mesi episodi e mobilitazioni dalle caratteristiche ambigue, quando non apertamente reazionarie, affermando l’inesistenza di una emergenza che ha accorciato di un anno l’aspettativa di vita in Italia, determinando oltre centomila morti in più nel numero di decessi annuale. Sono in errore coloro che hanno individuato come nemico le necessarie forme di tutela e di prevenzione sanitaria, o la ricerca dei vaccini, e non ad esempio il fatto che queste misure, se sono state scarsamente efficaci e di durata interminabile, è proprio perché la scelta è stata ogni volta quella di negare l’emergenza e l’intervento tempestivo, in favore dell’attività economica e produttiva immediata. Vediamo dopo un anno i risultati di questo approccio reiterato, fatto di ritardi e mezze misure. Risultati tragici sia sul piano sanitario sia su quello socio-economico.

 

Come afferma il compagno Fabrizio Chiodo – che dell’argomento in tutta evidenza se ne intende essendo collaboratore del centro Finlay de la Habana per la produzione dei vaccini cubani – la concezione stessa della vaccinazione contraddice gli interessi del capitalismo perché si basa sulla prevenzione più che sulla cura. È ormai noto, infatti, che prevenire è meglio che curare, ma curare invece che prevenire risulta in genere più redditizio per le speculazioni ed il parassitismo dei capitalisti, delle loro farmaceutiche, dei sistemi di salute privati. La prevenzione (e quindi anche gli strumenti della vaccinazione che ne sono parte imprescindibile) è la più efficace arma che l’organizzazione socialista della società può valorizzare al meglio. Il fallimento dell’ideologia del “libero mercato” e della crisi del modo di produzione capitalistico di fronte all’emergenza è oggi innegabile. Tutto ciò pone all’ordine del giorno la necessità dell’instaurazione del Socialismo come risposta a questa e alle grandi emergenze che affliggono l’umanità, in quanto modello di sviluppo calibrato sulle necessità umane. La prevenzione e la salute collettive valorizzate al meglio saranno al centro delle battaglie dei prossimi anni. Una sfida per i paesi socialisti ed antimperialisti ma anche nei paesi in cui il Socialismo non è stato ancora instaurato. Il Socialismo è prevenzione prima ancora che essere cura!

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[1]              Un Comitato Popolare non  addomesticato e che mette in evidenza pubblicamente le responsabilità di Confindustria e delle autorità istituzionali ad essa subalterne per la strage causata dalla male gestione della pandemia nella Bergamasca inevitabilmente finisce “attenzionato” e criminalizzato da chi ha tutto l’interesse a screditarlo (vedasi la omonima pagina fb del Comitato Popolare).

[2]              https://bgreport.org/procura-indaga-militanti-bergamaschi-lasciando-indisturbata-confindustria.html

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* A distanza di due settimane dalla pubblicazione, e dopo oltre un anno dai precedenti articoli “Il Covid dà i numeri!” e “Italia: riflessioni sulla pandemia e validità del distanziamento sociale“, oltre alla conferma del risultato cinese, del Vietnam e di altri Paesi, è interessante lo studio pubblicato sulla autorevole rivista scientifica The Lancet dove si evidenziano in forma comparativa gli effetti e le conseguenze, in termini di impatto sulla vita sociale, sulle conseguenze sanitarie, sulle conseguenze sul piano economico delle due vie: la via delle mezze misure seguita ad esempio dai paesi europei e la via di un contenimento stretto quanto delimitato nel tempo. Lo studio, sulla base di dati e raffronti tra i due differenti approcci, va nella direzione di confermare nella sostanza quanto qui affermato dal marzo 2020 nei suddetti precedenti articoli. *

 

Su The Lancet un confronto tra i risultati della strategia di mezze misure di mitigazione (interventi graduali di mitigazione mirati a non sovraccaricare il sistema sanitario e senza impatto su quello produttivo) e quelli conseguiti tramite la strategia #zerocovid di eradicazione tramite contenimento stretto del contagio, test massivi, tracciamento, riaperture.

Dal confronto emerge tra l’altro:

– Sul piano sanitario, i decessi da COVID-19 per 1 milione di abitanti nei paesi OCSE che hanno optato per la strategia di contenimento e eradicazione (Australia, Islanda, Giappone, Nuova Zelanda e Corea del Sud) sono stati circa *25 volte inferiori* rispetto ai paesi OCSE che hanno preferito la mitigazione delle mezze misure e la “convivenza con il virus”, tra cui l’Italia del dopo lockdown dello scorso anno.

– Chi pensa che la tattica di mezze misure sia servita a “tutelare l’economia” in generale, può vedere come nei cinque paesi che hanno optato per la strategia di contenimento ed eradicazione territoriale, la crescita del PIL è tornata ai livelli pre-pandemia già all’inizio del 2021, viceversa da noi la crescita è ancora negativa e così negli altri paesi OCSE che hanno seguito la via tortuosa delle mezze misure. In particolare ciò è avvenuto per non fermare produzione e grandi attività, anche solo due settimane all’inizio di ogni ondata, prima di una forte crescita numerica esponenziale. Si è sommato al costo in vite umane quello economico sociale, con un impatto disastroso sull’economia diffusa e sulle attività culturali. In pratica sull’altare del profitto da export si è sacrificata la vita di decine di migliaia di persone, oltre alle condizioni materiali di esistenza di milioni di lavoratori, con le piccole attività sul lastrico e con i licenziamenti alle porte.

– Chi ha abbaiato che “ci chiudono in casa” ai tempi del primo ed unico lockdown, incoraggiando le mezze misure prolungate, potrà constatare che per quanto riguarda le restrizioni, le libertà sono state più gravemente colpite nei paesi OCSE che hanno scelto la mitigazione e le mezze misure. Infatti le misure energiche di blocco rapide, adottate dai paesi che puntano al rapido contenimento, al controllo dei contagi fino alla eradicazione di ogni focolaio, la veloce soluzione del problema ha portato rapidamente alla normalità la vita sociale e l’economia diffusa, come del resto già dimostrato dal successo storico nella Repubblica Popolare Cinese sotto la direzione del PCC e delle locali autorità scientifiche e sanitarie.

Alcuni pensano che il dibattito tra la mitigazione delle mezze misure e la strategia di contenimento sia una questione accademica, priva di interesse politico o oggetto di una inutile polarizzazione, perché presto il vaccino risolverà ogni problema, o perché l’arrivo dell’estate farà dire ancora di virus clinicamente scomparso (ma non usciamo quest’anno dal lockdown di Conte, bensì dalla linea Bolsonaro di Draghi). In realtà, decenni di esperienza dicono che i vaccini da soli non sono risolutivi e non in tempi brevi, i vaccini possono mitigare ma non risolvere magicamente.

L’eradicazione del vaiolo ha significato una lotta decennale e la vaccinazione è stata accompagnata da campagne di comunicazione e impegno pubblico, test sulla popolazione, tracciamento, lo stesso con la polio. Ciò che si fa’ con le epidemie, deve essere fatto pure col covid se vogliamo levarcelo di torno, se non vogliamo restare condizionati e succubi per lunghi anni di questa situazione, esposti a tutti i rischi che comporta.

Chi dopo un anno, in ambito politico, insiste nel ritardo, non assume una posizione, non ha una linea sul da farsi per uscire dall’emergenza, resta accondiscende con le varie tesi minimizzatrici utili al capitale, quando non degne del regno di Q o di ByoBlu o altri propagandisti dell’irrazionalità, mostra incapacità di analisi della realtà concreta e/o malafede. Nei due casi tremenda subalternità ad una classe politica ed industriale tra le peggiori al mondo, dalle quali dipende una tragedia senza precedenti recenti, sia umana che sanitaria ed economica sociale.

Link The Lancet 28 Aprile 2021: thelancet.com

Grazie ad Alessandro Ferretti per le considerazioni e la segnalazione dell’articolo

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Potrebbe essere un meme raffigurante 1 persona e il seguente testo "IO ETERNAMENTE GRATO AI CUBANI CHE CI HANNO NEL MOMENTO DEL BISOGNO"

Lettera della sindaca di Crema al presidente del consiglio Mario Draghi

(VIDEO) “El Maizal”, la Comuna

por Julio Escalona

Tengo la convicción de que las comunas son el proceso que nos conducirá al socialismo, que lo fue creando Chávez en su diario y creador hacer, más leyes, documentos y propuestas, discursos, “Aló, Presidente”, etc. Maduro ha continuado elaborando. Él recibió orientaciones de Chávez y ha hecho un gran esfuerzo de reflexión y comunicación con el pueblo, incluso, con el movimiento comunero. Me ha sido de mucha utilidad el trabajo, “Comuna El Maizal. Diez años de construcción comunal,” elaborado por Saúl Curto, María Eugenia Freitez y Mikel Moreno.

Está ubicada en los estados Lara y Portuguesa, en los municipios Simón Planas y Araure. Surgió en 2009 y va para 12 años. El Maizal se basa en “la autogestión, corresponsabilidad, cooperación, sustentabilidad, libertad, justicia social, solidaridad, equidad, transparencia, honestidad, igualdad, eficiencia y eficacia, contraloría social, rendición de cuentas, asociación abierta y voluntaria, gestión y participación democrática, formación y educación”. Su principal dirigente es Ángel Prado. El feminismo es parte esencial de la visión y las prácticas de la comuna y la relevancia que han ido adquiriendo las mujeres.

Además, El Maizal va definiendo su carácter agropecuario y la incorporación de las familias, que no se disuelven sino que se fortalecen y ratifican, fomentando “la agroecología, promoción de la visión sistémica de la producción agrícola, el desarrollo rural sostenible y la soberanía alimentaria”.

Cuando he visitado la comuna y he compartido con ellos, he sentido una sensación de futuro, de la posibilidad de una nueva sociedad que está ahí como una promesa. Que los citadinos no sabemos de lo que nos perdemos tan absorbidos por la gran ciudad, tan insensibilizados por el ruido, tan indiferenciado e impersonal, que diluye las presencias de tal manera que los rostros se disuelven y los espíritus se vuelven una confusión de voces, que más que perturbar se diluyen como creando un silencio sepulcral. El Maizal es como una reunión de flores y de verdes, que es como una reivindicación de una naturaleza plena de vida y de encantos, que es como un renacimiento permanente de la vida y un sentir profano y sagrado. Es como un renacimiento de la esperanza cubierta de maíz y frutos que anuncian el porvenir, que plena las manos campesinas.

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tatuytv.org

Chávez: comunas y la Comuna de París

Nessuna descrizione della foto disponibile.por Julio Escalona

Discernir la importancia y el papel que le asigna Chávez a las comunas y a comuneras y comuneros, hace posible comprender el carácter de vanguardia que él les dio, como nuevo sujeto político: comuneras y comuneros y nuevo espacio para las luchas políticas: las comunas. Durante el asedio prusiano de París, la Comuna asumió la representación de todo el pueblo y enfrenta el cerco reaccionario. “Son parte del largo camino de lucha de los oprimidos para tomar el cielo por asalto” (Carlos Durich).

La Comuna de París va siendo parte del proceso para construir una nueva sociedad, el socialismo. A 150 años, la primera lucha cruenta por el socialismo es en Europa. Los comuneros comprenden “que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder… ¡Paso al pueblo! ¡Paso a la Comuna!” (Carlos Durich). Marx escribió: “Sea cual sea el final, se ha obtenido un nuevo punto de partida, cuya importancia histórica es universal”. La Comuna de París fue derrotada y masacrada. Pero está viva.

El programa de la comuna fue sencillo: “dar la tierra a los campesinos, los instrumentos de trabajo a los obreros, y el derecho al trabajo para todos”.

Así como la Revolución Cubana marcó la segunda mitad del siglo XX, la Revolución Bolivariana es hoy hacia donde miran los pueblos del mundo y Chávez afirmó:

“La Revolución Bolivariana… es la última revolución del siglo XX y sobre todo, la primera gran revolución del siglo XXI, la Revolución Socialista”.

La maduración del pueblo venezolano ha sido acelerada, como se pudo observar en el golpe de Estado-paro petrolero de 2002-2003. Sobre esto David Paravisini me hizo la siguiente recomendación: “Los trabajadores y trabajadoras unidos al pueblo y a la Fuerza Armada Venezolana le infligieron una derrota sin precedentes en nuestra historia a las corporaciones petroleras globales. Ese fue el alerta para el imperialismo estadounidense y del mundo con respecto a lo que estaba sucediendo en el país. La burguesía no tolera ni tolerará otra comuna de París ni nada que se le parezca.” Pero el frente mundial de fuerzas que hoy podemos reunir, no puede ser aplastado con las groserías de Biden. La pelea es peleando. El imperio lo sabe bien. ¿Van a la guerra nuclear? No creo. No podrán.

Vaccini COVID-19: storie di monopolio, ricatti e disuguaglianze

Potrebbe essere un'immagine raffigurante il seguente testo "CUBADEBATE NT Diseño: Edilberto Carmona Tamayo"di Randy Alonso Falcón*

Le apprensioni sollevate in alcuni paesi dal vaccino AstraZeneca/Oxford, la sporca campagna degli Stati Uniti contro lo Sputnik V russo e il rifiuto ratificato delle nazioni più potenti di consentire alle loro case farmaceutiche di rilasciare temporaneamente i brevetti dei loro antidoti contro COVID-19, hanno ulteriormente messo a dura prova la disponibilità di vaccini e hanno approfondito le profonde differenze nel diritto alla vita tra potenti e poveri in questo mondo. Mai prima d’ora un’emergenza sanitaria ha colpito così tanti in così tanti luoghi e in così poco tempo.

 

COVID-19 ha già colpito più di 120 milioni di persone nel mondo e ha causato la morte di oltre 2,6 milioni di esseri umani.

Una sfida così universale meritava una risposta globale e coordinata.

Ma ancora una volta, oltre alle richieste dell’ONU e dell’Organizzazione mondiale della sanità, hanno prevalso il nazionalismo, la meschinità, il potere travolgente delle multinazionali, chiunque fosse per se stesso.

I vaccini sembrano essere le uniche barriere efficaci alla pandemia.
Solo un’immunizzazione maggioritaria della popolazione mondiale potrebbe fermare la crescente trasmissione del virus SARS-CoV-2.

Ma né le multinazionali farmaceutiche né i governi del mondo ricco hanno quella vocazione di risposta collettiva e solidarietà globale.

Chi può sviluppare e produrre vaccini?

L’industria farmaceutica e biotecnologica soffre di alta concentrazione e transnazionalizzazione.
Le grandi aziende dei paesi sviluppati e delle economie emergenti monopolizzano la ricerca, la produzione e la distribuzione dei farmaci.

Nove di loro sono tra le 100 aziende che generano il maggior reddito a livello mondiale
Secondo Euromonitor Global, l’industria farmaceutica è responsabile di quasi il 4% dell’attività di produzione globale.

Se fosse un paese, sarebbe tra le 15 economie più ricche del pianeta.
Quasi la metà delle vendite totali del settore proviene da Cina e Stati Uniti, seguite da Svizzera, Giappone, Germania e Francia.

La produzione di vaccini, in particolare, concentra oltre l’80% del mercato in 4 grandi aziende, secondo i dati del 2019: la britannica GlaxoSmithKline, le americane Merck Sharp & Dohme e Pfizer, e la francese Sanofi.

Questo mercato globale ha generato circa 37 miliardi di dollari nel 2018 e si stima che entro il 2027 supererà i 64,5 miliardi.

Come è noto, le nazioni sottosviluppate – che sono la stragrande maggioranza – difficilmente hanno la capacità di sviluppare i propri vaccini (Cuba è una delle poche eccezioni onorevoli) e nemmeno hanno le proprie capacità produttive.

Ciò ha lasciato loro poco spazio di manovra per influenzare l’evoluzione disomogenea dei vaccini nel mezzo della pandemia.

Come sono stati finanziati i vaccini COVID-19?

Poiché l’11 marzo l’OMS ha dichiarato COVID-19 una pandemia, ha chiesto una soluzione concertata e congiunta alla minaccia.

Ma la logica furiosa del mercato detta le direzioni nel nostro mondo e quella che è stata da allora è una corsa frenetica per fare un obiettivo (immunitario e finanziario), in cui non sono mancati inciampi, pressioni e persino ricatti.

Le grandi potenze si sono alleate fin dall’inizio con le più grandi multinazionali farmaceutiche per gestire convenientemente la ricerca di una soluzione che permettesse loro di trarre vantaggio dalla crisi sanitaria ed economica che sta devastando il mondo.

Secondo la società di ricerca Airfinity, i governi hanno fornito almeno 8,6 miliardi di dollari per lo sviluppo di vaccini.

Gli Stati Uniti, l’UE e il Regno Unito hanno investito miliardi nel vaccino AstraZeneca, sviluppato dall’Università di Oxford.

La Germania ha investito 445 milioni di dollari nel vaccino sviluppato da Pfizer e dal suo partner tedesco, BioNTech.

Il vaccino di Moderna è stato interamente finanziato e co-prodotto dal governo degli Stati Uniti.
Mentre le organizzazioni filantropiche hanno contribuito con 1,9 miliardi.

Personalità individuali come Bill Gates, il fondatore di Alibaba Jack Ma e la star della musica country Dolly Parton hanno contribuito appena hanno sentito profumo di profitto.

Solo 3,4 miliardi di dollari provengono dagli investimenti delle società farmaceutiche, parte dei quali sono stati ottenuti anche da finanziamenti esterni.

Nonostante Big Pharma abbia fornito solo un terzo del finanziamento, chi ne ottiene i benefici economici?

Chi ha stabilito le regole del gioco nella distribuzione dei vaccini?

Gioco sporco

Il raggiungimento del vaccino contro COVID è diventato, al di là dell’interesse sanitario, un obiettivo geopolitico.

Chiunque fosse riuscito a ottenere il vaccino avrebbe capitalizzato sulla sua commercializzazione e chiunque avesse più risorse finanziarie potrebbe monopolizzare più immunizzazioni.
Scandalosa è stata la notizia della manovra dell’amministrazione Trump, già nel marzo 2020, per la società tedesca CureVac – che aveva iniziato a indagare su un possibile vaccino – di lasciare la sua sede nel Paese europeo e trasferirsi negli Stati Uniti.
In cambio di “big”. somme di denaro.

“Proprio come ha accumulato test PCR, ventilatori polmonari, maschere e accessori per la biosicurezza, Washington fin dall’inizio ha deciso di accumulare anche la produzione e la distribuzione di vaccini.
A loro si sono aggiunte campagne di discredito, a volte subdole e altre volte palesi, contro i candidati vaccini provenienti da Russia e Cina, in un tentativo concertato di sbarrarsi la strada verso altri mercati.
Molti dubbi sono stati seminati sulla velocità degli sviluppi, sulla qualità delle sperimentazioni cliniche e sull’efficacia dei candidati di entrambe le nazioni; soprattutto contro lo Sputnik V dei Laboratori Gamaleya.

Dopo che il vaccino principale della Russia è stato certificato dalle sue autorità e ha suscitato interesse in diverse nazioni, gli Stati Uniti e l’Unione Europea hanno fatto inciampare ovunque. Il rapporto annuale 2020 del Dipartimento della salute e dei servizi umani (HHS) degli Stati Uniti ha recentemente rivelato che l’Ufficio per gli affari globali (OGA) ha utilizzato l’Ufficio dell’addetto sanitario in Brasile per persuadere il governo di quel paese sudamericano che “respinge Vaccino contro il covid19”.

Di fronte alla divulgazione, il portavoce presidenziale russo Dimity Peskov ha dichiarato: “In molti paesi l’entità della pressione è senza precedenti … Tali tentativi egoistici di costringere i paesi ad abbandonare alcuni vaccini sono senza prospettiva.

Numero possibile di dosi di vaccino in modo che tutti i paesi, compresi i più poveri, hanno la possibilità di fermare la pandemia”.
L’Unione Europea, da parte sua, non ha ancora concesso il via libera al vaccino russo da applicare nei suoi paesi membri, nonostante quella regione sia rimasta indietro nella disponibilità di vaccini rispetto a USA, Canada e Regno Unito, Stati Uniti e Israele, e sebbene la prestigiosa rivista sanitaria The Lancet abbia riconosciuto in una pubblicazione l’elevata efficacia di Sputnik V.

Al di là di tali barriere, i vaccini russi e cinesi si sono fatti strada in diverse regioni, a causa dell’efficacia dimostrata e della carenza globale di immunizzatori.

La Slovacchia ha addirittura lasciato l’ovile dell’Unione Europea per acquisire 2 milioni di dosi di Sputnik V e l’Ungheria, che ha approvato anche l’uso del vaccino russo, è stata fatta di dosi del Sinopharm cinese, che non ha ricevuto neanche il via libera dall’Agenzia europea per i medicinali.
Ricatto senza anestesia

Gli Stati hanno fatto l’investimento più grande, ma BigPharma ha stabilito le condizioni e mantiene le entrate.

Il monopolio di alcune multinazionali nell’approvvigionamento e nella produzione di vaccini COVID-19 conferisce a tali società un potere schiacciante.

Rapporti recenti mostrano come il gigante farmaceutico Pfizer abbia cercato di imporre condizioni onerose alle nazioni latinoamericane per fornire loro determinate quantità del suo iniettabile.
Il presidente brasiliano Jair Bolsonaro ha mostrato in questi giorni il suo disagio per le richieste della Pfizer al suo governo, rilevando che tra le condizioni poste dal consorzio c’è quella di una clausola nel contratto di acquisto che lo esonera da “ogni responsabilità” prima di possibili effetti collaterali del tuo immunizzatore.

“Siamo stati molto duri e loro sono stati molto duri con noi.
Non cambiano una sola virgola.
Il governo se ne occupa insieme al Congresso e se ne discute in termini di rendere la legge più flessibile”, ha recentemente respinto testimoniato Ministro della Salute brasiliano, Generale dell’Esercito Eduardo Pazuello.

Anche l’Argentina, il Perù e la Repubblica Dominicana hanno subito forti pressioni da parte della Pfizer, come dimostrato da un’indagine del The Bureau Investigative Journalism.

I rappresentanti della Pfizer hanno chiesto a Buenos Aires un risarcimento per qualsiasi pretesa civile che i cittadini potrebbero presentare se avessero sperimentato effetti negativi dopo essere stati vaccinati.

“Ci siamo offerti di pagare milioni di dosi in anticipo, abbiamo accettato questa assicurazione internazionale, ma l’ultima richiesta è stata straordinaria: Pfizer ha chiesto che anche i beni sovrani dell’Argentina facessero parte del supporto legale”, ha confessato un funzionario argentino. “Era una richiesta estrema che avevo sentito solo quando si doveva negoziare il debito estero, ma in questo caso come in questo l’abbiamo respinta immediatamente”.

Ci sono diverse voci che avvertono che l’urgenza di avere vaccini per una malattia che ha causato così tanti decessi nel mondo potrebbe aver portato alcuni governi ad accettare limitazioni di responsabilità significative e richiedere trasparenza sugli accordi con le aziende farmaceutiche.

Il professor Lawrence Gostin, direttore del Centro di collaborazione dell’Organizzazione mondiale della sanità in diritto sanitario nazionale e globale, ha apprezzato a questo proposito che “le aziende farmaceutiche non dovrebbero usare il loro potere per limitare i vaccini che salvano vite nei paesi a basso e medio reddito”. e ha osservato che la protezione contro la responsabilità non dovrebbe essere usata come “la spada di Damocle che pende dalle teste di paesi disperati con popolazioni disperate”.

Anche la potente Europa sembra aver sentito le pressioni.

Sebbene gli accordi dell’UE con i produttori di vaccini siano tenuti segreti con le loro clausole principali, la Strategia per l’acquisizione di vaccini pubblicata dalla Commissione europea afferma che “la responsabilità per lo sviluppo e l’uso del vaccino, inclusa qualsiasi compensazione specifica richiesta, ricadrà su Stati membri che lo acquisiscono”.

Chi potrà vaccinarsi nel 2021?
Le capacità di produzione di vaccini nel mondo sono insufficienti per avere quest’anno le dosi necessarie per immunizzare la popolazione mondiale.

La Federazione internazionale dei produttori e delle associazioni di prodotti farmaceutici (IFPMA) afferma che la domanda globale stimata di vaccini nel 2021 è compresa tra 10 e 14 miliardi di dosi. Secondo le statistiche citate dalla società di dati Statista, gli Stati Uniti possono produrre quasi 4,7 miliardi di dosi di vaccino COVID-19 e l’India più di 3 miliardi di possibili dosi.

La Cina, in precedenza non uno dei principali attori nel mercato delle esportazioni di vaccini, si è impegnata a produrre più di 1 miliardo di dosi. Anche Gran Bretagna, Russia, Germania e Corea del Sud sono tra i centri di produzione consolidati, ma con una capacità di produzione inferiore.

Di fronte a questa realtà, l’ingiustizia del mondo attuale è ancora una volta evidente:
i paesi più ricchi hanno acquistato la maggior quantità di vaccini che verranno prodotti nel 2021 (anche per riserva), mentre le nazioni povere non avranno dosi nemmeno per somministrarlo ai segmenti di popolazione più vulnerabili.

Più di 100 nazioni stanno aspettando l’arrivo del primo lotto.
Si stima che il 90% degli abitanti dei quasi 70 paesi a più basso reddito non avrà l’opportunità di vaccinarsi contro il COVID-19 quest’anno.
Le nazioni più potenti hanno usato il loro potere d’acquisto e gli investimenti nello sviluppo di vaccini per assicurarsi le forniture dell’antidoto tanto atteso.

Finora sono state acquistate in anticipo circa 12,7 miliardi di dosi di vari vaccini contro il coronavirus, sufficienti per vaccinare circa 6,6 miliardi di persone.
(Ad eccezione di Johnson & Johnson, tutti i vaccini approvati finora richiedono due dosi.)

Più della metà di quelle dosi, 4,2 miliardi di assicurati, con la possibilità di acquistarne altri 2,5 miliardi, sono state acquistate da paesi ricchi che ospitano appena 1,2 miliardi di persone.

Il Canada ha acquistato dosi sufficienti per inoculare ogni canadese cinque volte, mentre Stati Uniti, Regno Unito, UE, Australia, Nuova Zelanda e Cile hanno acquistato abbastanza per vaccinare i propri cittadini almeno due volte, sebbene alcuni dei vaccini non siano ancora stati approvati.
Israele ha raggiunto un accordo per ottenere 10 milioni di dosi e la promessa di un rifornimento costante da Pfizer in cambio di dati sui destinatari del vaccino.

Secondo quanto riferito, il paese ha anche pagato $ 30 per dose, il doppio del prezzo pagato dall’UE.
Come ha valutato il quotidiano El País lo scorso dicembre Irene Bernal, ricercatrice sull’accesso ai medicinali della ONG Salud por Derecho, “stiamo vedendo che chi ha i soldi sono quelli che hanno accesso. Abbiamo mantenuto il 53% dei vaccini 14% della popolazione, i ricchi. E le aziende hanno una capacità produttiva limitata.
“Quando arriveranno le dosi ai paesi più poveri, allora?”

I paesi a basso e medio reddito, con l’84% della popolazione mondiale, hanno trattato direttamente con le aziende farmaceutiche, ma finora si sono assicurati solo il 32% della fornitura.
“Siamo in una crisi così massiccia”, ha detto Fatima Hassan, fondatrice della South African Health Justice Initiative.

“Se anche in Sud Africa non possiamo vaccinare presto metà della nostra popolazione, non riesco nemmeno a immaginare come faranno Zimbabwe, Lesotho, Namibia e il resto dell’Africa.
Se questo deve continuare per altri tre anni, non otterremo alcun tipo di immunità continentale o globale”.

Il presidente del Messico, Andrés Manuel López Obrador e il suo ministro degli Esteri Marcelo Ebrard hanno chiesto alle autorità statunitensi di consentire loro di acquistare parte delle decine di milioni di vaccini AstraZeneca prodotti negli Stati Uniti, che Washington ha accumulato senza aver approvato l’uso di questo farmaco.
Altri paesi che hanno già autorizzato questo vaccino chiedono di averli.

Il Messico, uno dei paesi con la più grande presenza di COVID-19, ha finora applicato circa 4,4 milioni di dosi utilizzando i vaccini Pfizer, AstraZeneca, Sinovac e Sputnik V, su una popolazione di oltre 128 milioni di abitanti, il che significa una bassa vaccinazione tasso, secondo il sito web www.ourworldindata.org governato dall’Università di Oxford.

Le statistiche più recenti di questo osservatorio mostrano la bassa proporzione e la distribuzione ineguale del numero di persone completamente vaccinate (con tutte le dosi necessarie) nel mondo:
Secondo i dati raccolti da Bloomberg, a partire da questo giovedì, più di 410 milioni di dosi di vaccini anti-COVID sono state somministrate in tutto il mondo in circa 132 paesi. Ciò rappresenta solo il 2,7% della popolazione mondiale.
Apartheid vaccino
Scienziati e attivisti avvertono che siamo sulla buona strada per un “vaccino apartheid” in cui gli abitanti del Sud del mondo verranno vaccinati anni dopo quelli dell’Occidente.
Non solo i paesi più poveri saranno costretti ad aspettare, ma molti stanno già facendo pagare prezzi molto più alti per ogni dose.
L’Uganda, ad esempio, ha annunciato un accordo per milioni di vaccini AstraZeneca, al prezzo di 7 dollari a dose, più del triplo di quanto pagato dall’Unione Europea.
Comprese le spese di trasporto, costerà 17 dollari per vaccinare completamente un ugandese.
Gli effetti di questa iniquità sarebbero gravi.
Un modello sviluppato dalla Northeastern University indica che se i primi 2 miliardi di dosi di vaccini Covid-19 fossero distribuiti proporzionalmente dalla popolazione nazionale, i decessi in tutto il mondo sarebbero ridotti del 61%.
Ma se le dosi fossero monopolizzate da 47 dei paesi più ricchi del mondo, si salverebbe solo il 33% in meno di persone.
Gli scienziati temono anche che, poiché ci sono paesi che non saranno in grado di immunizzare gran parte della popolazione, ci saranno maggiori opportunità per il virus di continuare a mutare e aumentare le morti in quei paesi sottovaccinati e rendere disponibili i vaccini meno efficaci nel tempo.

Come ha osservato all’inizio di quest’anno il direttore generale dell’OMS, il dottor Tedros Adhanom Ghebreyesus: “… affrontiamo il vero pericolo che mentre i vaccini portano speranza ad alcuni, diventano un altro mattone nel muro della disuguaglianza tra coloro che hanno risorse e coloro che le hanno”.

Un’alternativa sobria

La difficoltà nell’assicurarsi la fornitura di vaccini renderà molti paesi più poveri dipendenti da Covax, un’organizzazione creata nell’aprile 2020, coordinata dall’OMS, la Coalition for Innovations in Epidemic Preparedness e GAVI, l’alleanza internazionale per i vaccini.

Covax mira a fornire 2 miliardi di dosi a livello globale, di cui almeno 1,3 miliardi per 92 paesi a basso e medio reddito, entro la fine del 2021.
Ciò sarebbe sufficiente per inoculare il 20% della popolazione in ciascun paese, dando priorità agli operatori sanitari, gli anziani e persone con condizioni mediche di base, sebbene tale obiettivo sia stato criticato come inadeguato per affrontare la pandemia.
Invece, gli analisti stimano che Covax fornirà al massimo tra 650 e 950 milioni di dosi, divise tra 145 nazioni, comprese alcune di quelle che hanno abbastanza accordi confermati per i vaccini per vaccinare i loro cittadini più volte come il Canada e la Nuova Zelanda.
Le aziende farmaceutiche non hanno rispettato le consegne promesse a COVAX e AstraZeneca, che era il principale fornitore, deve anche affrontare la sua particolare situazione di milioni di dosi trattenute negli Stati Uniti e in Europa.
Nemmeno l’Europa si salva dalla stagnazione
La Germania ha sospeso la vaccinazione con AstraZeneca da lunedì 15.

Anche l’Unione Europea è frustrata dagli ostacoli che ha incontrato nel vaccinare la sua popolazione. L’unico vaccino europeo finora, il vaccino AstraZeneca/Oxford è in gravi difficoltà dopo la segnalazione di circa 30 casi di problemi di coagulazione in persone immunizzate con quell’iniezione.
Ci sono già 13 paesi dell’UE che hanno sospeso la vaccinazione con AstaZeneca, nonostante il fatto che l’OMS e l’agenzia di regolamentazione europea ne difendano l’uso come avente più benefici che impatti dannosi.
Per i mali maggiori, in mezzo alla ricrescita nella regione, AstraZeneca aveva consegnato all’UE solo il 25% delle dosi concordate per il primo trimestre e anche Pfizer ha avuto ritardi nelle consegne. All’inizio del 2021 l’Italia ha minacciato di citare in giudizio la Pfizer per aver ridotto del 29% la distribuzione delle dosi in quel paese.
Ora la Commissione Europea annuncia di aver raggiunto un accordo con Pfizer / BioNTech per anticipare 10 milioni di dosi per il secondo trimestre dell’anno.
Sebbene BioNtech e CureVac siano tedeschi, quel paese europeo ha avuto problemi con la vaccinazione.
Il quotidiano Der Spiegel ha sottolineato poche settimane fa che “l’Unione Europea e la Germania potrebbero mancare di forniture di vaccini.
Il ritardo nella firma dei contratti con le aziende farmaceutiche potrebbe significare che i vaccini sono in ritardo, oltre a non essere sufficienti.
L’UE ha finora somministrato 11 dosi per 100 persone, rispetto a 33 dosi negli Stati Uniti e 39 dosi nel Regno Unito, secondo l’indice Bloomberg Vaccine Tracker.
La scarsa disponibilità e la distribuzione disomogenea all’interno dell’Unione ha portato paesi come Austria, Bulgaria, Repubblica Ceca, Croazia e Lettonia a esprimere pubblicamente il proprio disagio e a chiedere una “correzione” nella distribuzione.
Di fronte al dilemma, la Commissione europea ha stabilito che le aziende farmaceutiche che hanno fabbriche di vaccini nei territori dell’UE non saranno in grado di esportare la produzione che generano in altre regioni se non ricevono il permesso di rimuoverle dal paese dalle autorità di quelle nazioni.
Già il 4 marzo, l’Italia, uno dei paesi più colpiti dalla pandemia, si è basata su questa decisione della comunità di vietare l’esportazione in Australia di 250.000 dosi del vaccino Astrazeneca, che l’azienda farmaceutica anglo-svedese ha prodotto nello stabilimento di cui dispone nel comune di Agnani, vicino Roma.
Con l’intensificarsi delle frustrazioni, alcuni funzionari europei incolpano gli Stati Uniti e il Regno Unito.
Il presidente del Consiglio europeo Charles Michel ha affermato che gli Stati Uniti, insieme alla Gran Bretagna, “hanno imposto un divieto totale all’esportazione di vaccini o componenti di vaccini prodotti sul loro territorio”.
Alla domanda, Jen Psaki, addetto stampa della Casa Bianca, ha detto ai giornalisti che i produttori di vaccini erano liberi di esportare i loro prodotti fabbricati negli Stati Uniti purché rispettassero i termini dei loro contratti con il governo.
Ma poiché il vaccino di AstraZeneca è stato prodotto con l’aiuto del Defence Production Act, per il quale ha ricevuto più di $ 1 miliardo di finanziamenti, Biden deve approvare le spedizioni di dosi all’estero.
Nessun ostacolo per un giro d’affari
I paesi più potenti hanno messo i profitti delle aziende farmaceutiche al di sopra dell’immunità globale, nonostante il discorso politico secondo cui non ci sarà soluzione alla pandemia se non sarà messa alle strette in tutto il mondo.
La scorsa settimana, lo stesso giorno che ha segnato l’anno in cui l’OMS ha dichiarato il COVID-19 una pandemia, gli Stati Uniti, l’UE, il Regno Unito e il Canada (tutti con un numero sufficiente di vaccini assicurati) hanno bloccato il tentativo più recente di reddito medio o basso nazioni per accelerare l’accesso ai vaccini e ai trattamenti per COVID-19, revocando temporaneamente le regole dell’Organizzazione mondiale del commercio che proteggono la proprietà intellettuale.
Una risoluzione sponsorizzata da Sud Africa e India e sostenuta da 57 paesi, che chiedeva di sospendere durante le parti pandemiche dell’Accordo TRIPS (Protezione relativa ai diritti di proprietà intellettuale) che protegge i brevetti medici, è stata respinta dal blocco delle nazioni ricche.
Aveva già avuto la stessa sorte nelle discussioni tenutesi all’OMC nell’ottobre e nel dicembre 2020. Un accordo avrebbe consentito alle nazioni sottosviluppate o emergenti di produrre farmaci e vaccini COVID senza attendere o aderire ad accordi di licenza con le aziende farmaceutiche che possiedono la proprietà intellettuale di quei prodotti medici.
Ciò avrebbe ampliato la produzione di antidoti contro la malattia mortale e avrebbe abbassato i costi delle cure.
I governi delle nazioni ricche, principali finanziatori dei vaccini COVID, hanno basato la loro negazione sulla preoccupazione che il rilascio di proprietà intellettuale, anche temporanea, potesse ridurre gli incentivi per la ricerca aziendale e si sono anche chiesti se le “nazioni in via di sviluppo” potessero iniziare la produzione dei farmaci in anticipo abbastanza per impedire la diffusione del virus.
La verità è che le multinazionali Big Pharma erano inizialmente riluttanti a finanziare la ricerca sui vaccini contro COVID a causa dell’incertezza di una corsa contro il tempo per ottenere risultati e per la scarsa redditività in passato della creazione di vaccini per le emergenze sanitarie.

I farmaci che queste aziende cercano sono fondamentalmente quelli che offrono ai cittadini dei paesi ricchi, e soprattutto quelli necessari per le malattie croniche che richiedono dosi sistematiche, che le rendono molto redditizie.
Ma dopo aver visto la redditività che la durabilità del COVID-19 può lasciare loro, ora non vogliono alcun limite al “partito” di reddito di cui stanno godendo di fronte alla domanda urgente di vaccini.
Moderna ha riferito di aver firmato accordi di acquisto anticipato per oltre $ 18 miliardi di forniture da consegnare quest’anno, mentre Pfizer ha previsto circa $ 15 miliardi di entrate quest’anno dal suo vaccino con BioNTech.
I principali sviluppatori di vaccini hanno beneficiato di miliardi di dollari in sussidi pubblici, ma alle aziende farmaceutiche è stato concesso il monopolio sulla loro produzione, così come sui profitti che generano.
I prezzi di vendita dei vaccini ai diversi paesi (sono variabili) sono tenuti sotto il velo della segretezza degli accordi siglati tra le case farmaceutiche ed i governi, sebbene il sito specializzato Statista abbia calcolato i prezzi medi per dose negli importi che trovate sotto (cerca grafico statista).
Moltiplichiamo quei numeri per i miliardi di dosi che sono richieste ogni x anni (dipende dal tempo di immunità che raggiungono questi vaccini) e calcoleremo già quanto ammonterà la danza dei milioni.
Ma, mentre le aziende farmaceutiche beneficiano e controllano il tasso e la portata delle vaccinazioni, i costi della distribuzione ineguale dei vaccini nell’economia mondiale potrebbero raggiungere i 9 miliardi di dollari, secondo Katie Gallogly-Swan, una ricercatrice che lavora con la Conferenza delle Nazioni Unite sul commercio e sviluppo (UNCTAD).
“È inconcepibile che nel mezzo di una crisi sanitaria globale, enormi aziende farmaceutiche multimiliardarie continuino a dare la priorità ai profitti, proteggere i loro monopoli e aumentare i prezzi, piuttosto che dare la priorità alla vita delle persone in tutto il mondo, compreso il Sud del mondo, gli Stati Uniti. Il senatore Bernie Sanders ha giustamente twittato pochi giorni fa: “Il mondo è sull’orlo di un catastrofico fallimento morale”, ha condannato il direttore generale dell’Organizzazione mondiale della sanità.
Nel frattempo, qui, incrociamo le dita perché Soberana e Abdala ci immunizzino tutti, indistintamente, prima della scadenza di quest’anno.


* Giornalista cubano, direttore del portale web Cubadebate, del sito web Fidel Soldado de las Ideas e del programma televisivo cubano “Mesa Redonda”.

Ha diretto altre pubblicazioni cubane come Somos Jóvenes, Alma Mater e Juventud Técnica.
Premio nazionale di giornalismo Juan Gualberto Gómez in TV nel 2018.

Ha vinto diversi premi al Concorso nazionale di giornalismo il 26 luglio.~Articolo di Edilberto Carmona Tamayo Responsabile del Dipartimento di Produzione Multimediale, Monitoraggio e Innovazione di Cubadebate e Mesa Redonda. Laureato in giornalismo nel 2016 presso l’Università di Holguín.~

~Cubadebate Contra el Terrorismo mediático ~

Traduzione: Silvana Sale

(VIDEO) Napoli 20mar2021: Violenza Ostetrica, dall’Italia a Cuba esperienze a confronto

Consulta Popolare Salute e Sanità della Città di Napoli: Violenza Ostetrica e possibili soluzioni.
Dall’Italia a Cuba passando per la Francia, esperienze a confronto.

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Potrebbe essere un'immagine raffigurante una o più persone e il seguente testo "SABATO 20 MARZO- ORE 10.30 PRESSO G@LLERYART interno della Galleria Principe Napoli Diritti delle Donne& Sanità PutGlica Violenza possibio soluzioni Ostetrica e Intervengono: TERESA DE PASCALE Ostetrica fondatrice di Terra Prena LUIGI DI PAOLA Presidente Associazione Incurabili CONSULTA POPOLARE SALUTE SANITA Comune di Napoli INDIRA PINEDA Sociologa Cubana AMBULATORIO POPOLARE Ex OPG di Napoli terraprena Consulta Popolare Salute Sanità"

Il Brasile della pandemia: minaccia globale contro l’umanità

Fosse comuni in Amazzonia, a Manaus è una stragedi Marco Nieli

Una lettera aperta all’”umanità”, che richiede il ricorso al Tribunale Internazionale dell’Aja contro il “mostruoso governo genocida di Bolsonaro”, firmata, tra gli altri, da intellettuali e artisti di spessore come Leonardo Boff, Julio Lancellotti, Zelia Duncan e Chico Buarque de Hollanda e altri, è stata indirizzata al Congresso Nazionale, al Supremo Tribunale Federale e all’ONU in forma aperta lo scorso 6 marzo. Il Brasile di Jair Bolsonaro, denunciano i firmatari, si è trasformato in una “camera a gas”, ovvero in una vera e propria bomba epidemiologica, che minaccia l’intera umanità con lo sviluppo incontrollato di varianti sempre più letali del virus su scala planetaria.

“Brasiliane e Brasiliani legati alla vita sono ostaggio del genocida Jair Bolsonaro, che occupa la Presidenza del Brasile insieme a una banda di fanatici unicamente spinti dall’irrazionalità fascista”, riporta la lettera.

La politica di non-intervento messa in atto dal governo, unita a un sistematico discredito dei tentativi di mettere in piedi misure minime di riduzione/contenimento della diffusione della pandemia, per non parlare degli ostacoli frapposti a ogni iniziativa locale allo sviluppo di una risposta vaccinale (come quello del Governatore di São Paulo che sta producendo il Coronavac all’Istituto Butantan della capitale dello stato) ha già prodotto un record assoluto, a livello mondiale, di circa 260.000 morti evitabili (soprattutto nelle fasce sociali meno protette, quilombolas, indios, poveri delle favelas metropolitane), con una punta di 1.760 decessi registrati il 5 marzo.

Proprio giovedì scorso, il presidente, in visita per l’inaugurazione di un tratto di ferrovia nello Stato di Goias, si appellava al coraggio della bancada ruralista, ovvero i latifondisti con investimenti nel business della soia o in quello della carne bovina, che costituiscono la sua maggiore riserva di consenso elettorale, il che si spiega facilmente in base alla constatazione che il programma genocida è riconducibile a ben precisi interessi economici. Una lucida follia, insomma, in cui il capitalismo sta utilizzando l’occasione della pandemia per risolvere una parte delle “questioni storiche” che considera ancora oggi insolute, nella maniera più facile e sbrigativa.

Per rendere disponibile allo sfruttamento economico le ingenti estensioni del fertile terreno brasiliano, bisogna, infatti, prima di tutto sbarazzarsi dell’ingombro rappresentato dalle comunità indigene e quilombolas, come anche dagli insediamenti dei Sem Terra e movimenti affini. Analogo discorso può essere fatto per le grandi concentrazioni metropolitane dell’industria alimentare, petrolchimica ed estrattiva, dove si verificano i più alti tassi di contagio tra gli stati meridionali, per la più assoluta (e criminalmente deliberata) mancanza di misure di distanziamento e contenimento dell’infezione.

Una costante della politica non-interventista del presidente è, inoltre, l’assoluta contrarietà a ogni misura di lock-down, totale o anche parziale, intrapresa dai più seri governatori statali in giro per il paese (tra cui il PTista Wellington Dias del Piauì e il conservatore E. Wilson dell’Amazonas), prontamente affondata dalle mobilitazioni di fanatici “bolsoniti” che fanno il lavaggio del cervello alla popolazione, ripetendo che “si tratta solo di una gripezinha”, che “per fine anno sarà tutto passato”, che comunque “è meglio morire di virus che di fame” e che “bisogna leggere la Bibbia ed essere forti di fronte all’avversità”.

Di fronte a questa organizzata manipolazione delle masse popolari in senso reazionario, l’appello di scienziati ed esperti resta lettera morta, non riuscendo a tradursi nell’adozione di efficaci misure di distanziamento fisico nelle relazioni sociali, di contenimento del contagio attraverso l’uso delle mascarinhas (la cricca al governo riceve precise disposizioni dalla presidenza per non mostrarsi in pubblico indossandola, lo stesso presidente ha detto in un’occasione che quest’aggeggio sul volto umano “nasconde l’allegria e il sorriso naturali della persona”) e di adozione di una solida politica di tracciamento del virus, nonché di campagne vaccinali mirate.

Di fronte a questo esorbitante potere di influenzare il comportamento delle masse da parte del capitalismo agro-pecuario brasiliano, va registrata in questa fase un’evidente difficoltà delle organizzazioni popolari, partitiche e movimentiste, nell’articolare un’efficace risposta in termini di mobilitazione allargata dei settori proletari, contadini e sottoproletari urbani, per imporre l’agenda dell’impeachment, seguito dalla formazione di un governo di blocco popolare. Il quale, insieme alla politica vaccinale, dovrebbe mettere all’ordine del giorno la questione dei sussidi alle fasce sociali meno protette, da finanziare attraverso la nazionalizzazione della rendita petrolifera e mineraria e almeno delle industrie di base. I pronunciamenti di intellettuali e personalità di spicco del mondo artistico, religioso e giornalistico sono senz’altro importanti, ma non possono in alcun modo sostituirsi all’iniziativa dal basso, coordinata e organizzata, delle masse popolari.

Il discorso del “Bolsa ou a vida” nell’ultima uscita nel Goias, come spesso accade, ha superato, in quanto a cinismo delirante e tendenzioso, ogni precedente della sua inquietante biografia di fantoccio nelle mani del potere capitalistico brasiliano. “Noi dobbiamo affrontare i nostri propri problemi, basta con i capricci e i piagnistei, fino a quando volete restare a piangere?” sono le parole che, pronunciate nel giorno in cui, per la decima volta, si toccava un numero di vittime superiori al migliaio, hanno scosso e indignato l’opinione pubblica brasiliana e mondiale. Fino a provocare l’ennesima lettera firmata o appello da parte delle poche coscienze lucide e critiche rimaste in giro nei tempi oscuri di questa barbarie epocale.

Di queste parole, come anche degli inenarrabili crimini contro il popolo brasiliano e l’umanità tutta, il “Bolsa ou a vida” sarà chiamato a rispondere, speriamo quanto prima, di fronte a un Tribunale del Popolo.

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