La OTAN pudo conseguir Serbia, pero confió en Kosovo

karta-balkan

por Evelyn Matberg
ALTERNATIVE JOURNALISM

Veinte años después, el bombardeo de Yugoslavia sigue siendo uno de los momentos más controvertidos en la historia de la OTAN. Los países que participan en la operación prefieren llamar a la decisión justificada y necesaria. Pero la muerte de más de dos mil civiles, incluidos 78 niños, difícilmente puede justificarse. Ese momento fue un punto de inflexión para la región de los Balcanes, que se convirtió en el centro de la inestabilidad en Europa. Pero todo podría ser completamente diferente.

Este año, las fuerzas de la OTAN en Kosovo, conocidas como KFOR, celebraron su vigésimo aniversario. La presencia de la alianza se remonta al lejano verano de 1999, cuando se firmó el acuerdo de Kumanov con las autoridades de la entonces Yugoslavia. Se celebró un grandioso aniversario con la participación de Bill Clinton y Madeleine Albright venerados en Pristina. Un reciente almirante estadounidense, James Fogo, dijo que KFOR “hizo un buen trabajo”. Y aquí surgen las primeras contradicciones. ¿Qué se puede llamar una misión exitosa, que duró 20 años? Además, Kosovo siempre se ha asociado con crímenes desenfrenados, confrontaciones interétnicas y, en los últimos años, incluso con el terrorismo islámico internacional. A nivel familiar, aquí también, todo es disfuncional: treinta por ciento de desempleo, salida de la población, problemas de comunicación, energía y transporte.

¿Quizás en los Estados Unidos hay criterios ligeramente diferentes para el éxito? Tal suposición es bastante apropiada, porque KFOR, cuyo propósito declarado es garantizar la estabilidad en Kosovo, en la práctica, sirve como un indicador de la presencia de la alianza en la región. Como resultado, la OTAN puede reclamar superioridad en los Balcanes, y KFOR se está convirtiendo en un instrumento de naturaleza puramente geopolítica.

En realidad, esto no está oculto. El Representante Especial de los Estados Unidos para los Balcanes Occidentales, Matthew Palmer, dijo en la víspera de su visita a Pristina en noviembre que Washington estaba listo para trabajar en el reconocimiento de la independencia de Kosovo e incluso preparó mecanismos para presionar a Serbia, en particular, una resolución sobre el asesinato de 1999 de los Hermanos Bitichi en 1999. Sin embargo, la tarea principal de los Estados Unidos en los Balcanes, Palmer llamó a la lucha contra Rusia.

Las preocupaciones de Washington sobre la creciente influencia del Kremlin en la región no son infundadas. Según el informe del Pentágono, es en Serbia donde el factor ruso es más pronunciado. La situación se complica por el hecho de que la cooperación de Belgrado con Moscú, según las encuestas de opinión, cumple con la solicitud de los ciudadanos. Y esto sin contar el hecho de que las autoridades serbias se adhieren a la neutralidad militar en principio. Del informe del ejército estadounidense, queda claro que Serbia es vital para que Washington fortalezca su posición. Pero el mismo bombardeo se está convirtiendo en un obstáculo invencible en este camino. Cada año, los serbios honran la memoria de las víctimas de la Operación Fuerza Aliada. Incluso la oposición lo hace. Tan fuertes son los recuerdos del bombardeo y sus consecuencias.

Además, en Serbia a lo largo de los años ha habido un fuerte entendimiento de que la mayoría de los países de la UE, y la OTAN y los Estados Unidos están destinados a socavar la integridad territorial del país, porque reconocen la independencia de Kosovo. Pristina recibe regularmente apoyo, y cuando las operaciones de poder resonante tienen lugar en el norte de la región en disputa donde viven los serbios, Europa y Washington prefieren no darse cuenta.

Si no fuera por todos estos errores, Serbia podría haberse convertido en un poderoso aliado de la OTAN en la región. Pero la alianza eligió apoyar a Kosovo con todas sus contradicciones. Por supuesto, esto causa emociones severamente negativas entre la población serbia, lo que puede restringir a las autoridades del país de cualquier decisión que pueda tomarse bajo la influencia del exterior. E incluso la oposición, que regularmente celebra protestas masivas contra el gobierno, ni siquiera se arriesga a la alienación de Kosovo por el acercamiento con la UE y la OTAN, por temor a obtener el estigma de un traidor.

Cumbre de la OTAN en Londres: culminación del desacuerdo

OTANpor Anastasia Frank
theduran.com

La Cumbre de la OTAN, dedicada al 70 aniversario de la Alianza del Atlántico Norte, se celebró en Londres los días 3 y 4 de diciembre y estuvo marcada por una atmósfera de controversia entre los líderes de los países participantes. Los miembros de la alianza no pudieron llegar a una decisión común y determinar las pautas para el desarrollo.

La discordia que se sintió a lo largo de la cumbre fue facilitada por una serie de eventos que ocurrieron el día anterior. La figura central, que reunió la mayor cantidad de desacuerdos a su alrededor, fue el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuyas relaciones con los líderes de otros países se intensificaron significativamente.

Una semana antes de la cumbre, el primer ministro británico, Boris Johnson, expresó su preocupación de que la presencia de Trump podría socavar la campaña electoral parlamentaria en Londres el 12 de diciembre, y le pidió que se abstuviera de interferir. Luego, el primer día del congreso, una columna de manifestantes que se oponían a las políticas de Trump y la OTAN en su conjunto se dirigió al Palacio de Buckingham, donde la Reina Británica invitó a los líderes de los países participantes a un banquete.

Las relaciones con Emmanuel Macron también se tambalearon después de las audaces declaraciones del presidente francés de que la OTAN estaba “experimentando una muerte cerebral”: a pesar de que esta declaración provocó una discusión radical pero necesaria, causó una gran resonancia y un gran descontento por parte de Trump, quien se quejó al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, diciendo que esta es “una declaración irresponsable e irrespetuosa de Francia”.

La creciente confrontación comercial entre Estados Unidos y Francia, que implicó la introducción de aranceles del 100% sobre las importaciones francesas a los Estados Unidos, está agravando la situación. En este sentido, Trump trató de enfatizar que actualmente no era rentable estropear las relaciones de Estados Unidos con Francia, y también cuestionó la membresía de Francia en la alianza.

Las opiniones de Trump y Erdogan también divergieron significativamente después de que Turquía adquirió el sistema ruso de misiles S-400, luego que las tensiones en las relaciones se vio agravada por la situación en el noreste de Siria. Esto no pudo sino afectar la naturaleza de la interacción de los presidentes a la entrada de la cumbre. El desacuerdo con las políticas de Erdogan fue expresado en repetidas ocasiones por Macron.

La culminación de la controversia universal, en particular concentrada en torno a Trump, fue la conversación entre Macron y Johnson, así como los primeros ministros de Canadá y los Países Bajos, Justin Trudeau y Mark Rutte, durante los cuales los líderes estatales se burlaron de Trump por su discurso improvisado durante el conferencia de prensa.

Los demás participantes de la conversación apoyaron al líder canadiense. La conversación fue filmada por reporteros e inmediatamente se puso en línea. Posteriormente, Trump calificó a Trudeau de “duplicidad”, recordó la negativa de Canadá a pagar el 2% del PIB por gastos de defensa, enfatizando así el desacuerdo sobre el diálogo, canceló su último discurso en una conferencia de prensa y abandonó la cumbre de la OTAN en Londres antes de la fecha prevista de salida.

La agenda general de los esfuerzos políticos de Trump, que trata de hundir ciertas regiones del mundo en el caos y destruir la unión transatlántica, también agrega combustible al fuego, destruyendo así la economía de la Unión Europea, el principal competidor político y económico de los Estados Unidos. Por lo tanto, Trump aboga por la destrucción de la alianza en lugar de una nueva alianza dentro de ella. La situación con Turquía sigue sin estar clara, lo que varios medios de comunicación occidentales han denominado el “hijo problemático de la OTAN”: en su deseo de recibir apoyo en la lucha contra el terrorismo, el país solo se enfrenta al hecho de que los miembros más importantes de la alianza apoyan a organizaciones terroristas (PKK y el YPG de los kurdos señaladas como terroristas por parte de Ankara).

En general, los objetivos y estrategias para la existencia continua de la OTAN siguen siendo dudosos incluso para los países miembros de la alianza. Según Macron, la agenda principal para el futuro cercano es la necesidad de construir una nueva arquitectura de confianza y seguridad en Europa, la preparación para un “diálogo abierto y completo con Rusia”, así como considerar a China como un nuevo enemigo del bloque del Atlántico Norte. Sin embargo, en condiciones de desacuerdos radicales entre los participantes de la alianza, que está debilitando gradualmente su fuerza, estos nuevos vectores de desarrollo no pueden implementarse adecuadamente.

[Trad. del inglés para ALBAinformazione por Isaac Marquez]

 

Marinella Correggia y las verdaderas noticias falsas

por Marinella Correggia – sibialiria.org

Las verdaderas noticias falsas que producen las guerras

En la transmisión “L’aria che tira”, de La7, tv italiana, el diputado Andrea Romano del Partido Demócratade Italia ha dado un triple salto mortal en términos de noticias falsas.

Citamos textualmente. A partir del segundo -1: 20 en el segundo -0: 55, Romano explicó: “La OTAN, la organización internacional que nos protege de alguna manera desde el punto de vista militar, hace un par de años sigue invirtiendo dinero en contra de las noticias falsas, pero no tanto para hacer censura sino porque representan un instrumento de conflicto geopolítico normalmente organizado por Rusia. O incluso hace unos días resultó que Venezuela también, que tiene sus problemas, participó en motores de noticias falsas”.

Dejamos por un lado las noticias falsas sobre la participación de Venezuela en las noticias falsas: hace días el sitio de Venezuela Misión verdad puso por el contrario al descubierto los fondos de Estados Unidos (USAID, Ned, Departamento de Estado y el Departamento de Defensa.) con los que se producen noticias falsas sobre Venezuela, para decirlo con precisión. Por lo tanto, es todo lo contrario, querido diputado Romano.

Dejamos por un lado también el eufemismo con el que Romano define a la OTAN: una especie de Madre Teresa, pero más eficaz para protegernos bajo su manto.

Pero lo que se dice de la OTAN que combate las supuestas noticias falsas, en realidad es un poco ‘demasiado fuerte’. Dado que esa organización y sus estados miembros de mentiras producen en cantidad. También recientemente.

Y son falsas noticias mortales, porque legitiman el comienzo de las guerras y su continuación. El caso de Libia y Siria es paradigmático.

Es una lástima que, en este asunto, el caricaturista Vauro, también presente en el programa, solo recordara las noticias falsas de Bush y Powell en 2003 sobre Iraq; donde la OTAN no fue bombardeando directamente. Y este sincero olvido es otra prueba más que en los últimos años muy pocos de los antiguos pacifistas se han comprometido a contrarrestar las verdaderas noticias falsas, con las que actúa el Eje de la Guerraa OTAN/Golfo. Se han opuesto a ellas tan poco que ni siquiera las recuerdan.
  

[Trad. del italiano para ALBAinformazione por Ciro Brescia]

 

Gales 2014: Veintinueve criminales posan para la foto

Cumbre de la OTAN en Galespor Sara Rosemberg

Veintinueve criminales posan para la foto. El gris plomo predomina y en el riguroso orden monetario de la usura sonríen satisfechos.

 Acaban de salir de un despacho decorado donde han firmado que habrá guerra y miles de inocentes asesinados gracias a valiosas bombas de última generación.

La bolsa subirá y las acciones disparadas llenarán más el bolsillo de socios y amos.
Es tiempo de disfrutar la impunidad. Cumplieron con esmero su tarea sangrienta.

Se trasladan después a una gran explanada, levantan las cabezas asesinas y observan los aviones que vuelan con los vientres brillantes listos para matar.

Veintinueve sonrisas y muchos aplausos celebran los crímenes que se han tejido
mientras en el cielo las patrióticas estelas de humo de colores anuncian ganancia.

En la televisión sus caras sonrientes que las fotografías congelan y reproducen
en infinitas portadas para nosotros –los idiotas- que los alimentamos cada día.

Una fuerza de intervención rápida será lo más útil para saquear el gas y acabar
con miles de civiles desarmados que no cotizan en la banca y vivos no dan rédito.

En el despacho han diseñado al fantasma con banderas negras, cuchillos y mucho gore. El fantasma seguirá vendiendo su petróleo barato y comprando armamento.

Sonríen los veintinueve criminales de la OTAN. No hay negocio más rentable que la muerte. Planean reconstrucciones de la destrucción, empresas y tecnología punta.

Sonríen, sin entender que abajo, en la tierra y desde abajo, la humanidad cava
su tumba. Cuando ya no hay nada que perder más que las cadenas y el miedo.

Sonríen congelados en las fotografías que dan cuenta de un momento histórico
en el comienzo de un siglo que será recordado por el furor del negocio de la guerra.

Mientras una mujer recoge de los escombros el cuerpo de su amado, mira al cielo
y canta esta historia del crimen vencido, para que nunca se olvide y sean juzgados.

 

A credibilidade dos EUA, da OTAN e da UE depende do desfecho político da Ucrânia e da Líbia

por Achille Lollo, de Roma para o Correio da Cidadania  – Segunda 12 de Maio de 2014

Os principais cientistas políticos “independentes” admitem que no último semestre os fenômenos de crises políticas voltaram com extrema intensidade em alguns países do Oriente Médio (Afeganistão, Iraque, Palestina, Egito e Líbia), enquanto os processos de subversão política promovidos pela CIA na Síria e, mais recentemente, na Ucrânia, sofreram “o efeito bumerangue”. Cenários geoestratégicos onde os EUA envolveram a OTAN e a União Europeia em uma série de operações militares e subversivas, que, na realidade, provocaram mais instabilidade política, mais crises econômicas, mais conflitualidade étnica e mais insegurança em muitas regiões do planeta.

Agora, após o massacre dos 44 russófilos em Odessa e diante da explosão da crise em quase todas as regiões do Leste da Ucrânia, em função do referendo separatista que Obama e a Merkel dizem ser ilegítimo, por não atender aos requisitos legais do governo de Kiev, muitos analistas e cientistas políticos criticam a estratégia da Casa Branca, por ter aberto muitas frentes sem ter conseguido consolidar nenhuma delas em termos institucionais, políticos e, sobretudo, econômicos.

A democracia do “Não-Estado” na Líbia

O que está acontecendo na Ucrânia reabre o debate sobre a “libertação” da Líbia, que foi realizada com a força das armas por parte dos EUA e de outros países da OTAN. Uma complexa operação militar que provocou a destruição das principais infraestruturas, a implosão institucional e a paralisia econômica da Líbia. De fato, a introdução, por parte dos EUA, de um modelo institucional parlamentar ocidentalizado exigiu a imediata criação de uma ”República Parlamentarista”, que Mustafá Mohamed Abdul Al Jeleil, Mahmud Ibril e Ali Zeidan logo legitimaram no Conselho Nacional de Transição, inclusive para assinar os decretos leis com os quais, em 5 de maio de 2011, era privatizada em tempo recorde a empresa petrolífera estatal NOC, além de reformular em favor das transnacionais estadunidenses, francesas e britânicas a metodologia dos contratos para a exploração do petróleo e do gás.

Isso tudo aconteceu porque os referidos “líderes” conseguiram se apoderar da direção da oposição, em função da massiva difusão realizada na Líbia pelas TVs árabes Al Jazeera (de propriedade do emir do Qatar, inimigo histórico de Kadafi) e Al Arabya (cujos principais acionistas são a MBC libanesa e um príncipe saudita) e, sobretudo, em função da projeção política que as TVs ocidentais (CNN e BBC) veicularam apresentando os três como “…os líderes da Revolução líbia, fundadores Conselho Nacional de Transição, legitimados para negociar com o Ocidente o fim do regime de Kadafi…”.

Na realidade, esses “três líderes” eram os porta-vozes “em off” dos governos estrangeiros que queriam tirar proveito da passividade da Liga Árabe em função das revoltas populares na Tunísia e no Egito para promover algo semelhante na Líbia e, assim, acabar com Kadafi. De fato, o primeiro ainda é o representante “em off” do príncipe saudita Bandar bin Sultan, chefe dos serviços secretos da Arábia Saudita. O segundo, ainda é o “homem da Casa Branca” que foi assessorado pelo embaixador estadunidense, Chris Stevens, até 11 de setembro de 2012, altura em que foi morto por um grupo armado de Ansar Al-Sharia – o principal grupo salafista-jihadista líbio, financiado pelos agentes do emir do Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani -, que atacou o consulado dos EUA em Benghazi. O terceiro, antes de fugir para a Suíça, era o homem de confiança do o ex-presidente francês Nicolas Sarkozy.

Personagens que em 20 de fevereiro de 2011, logo após as primeiras manifestações em Túnis, jogaram um papel fundamental em Benghazi para mobilizar os grupos salafitas, a Irmandade Muçulmana e, sobretudo, os chefes tribais separatistas da Cirenaica, sentimentalmente ligados ao falecido Rei Idris, para realizar as primeiras manifestações em Benghazi pedindo a saída de Kadafi. Por isso, em 27 de fevereiro, a TV Al Jazeera anunciava que ”… Ali Zeidan, o representante na Europa do recém-formado Conselho Nacional de Transição, estava pedindo à União Europeia o impedimento dos massacres de civis por parte dos mercenários de Kadafi…”.

Enquanto a TV Al Jazeera e a CNN manipulavam as imagens das manifestações na Síria e no Egito com as da Líbia, os três, por baixo do pano, negociavam com os emissários dos EUA, da Grã Bretanha e da França a criação em Trípoli e em Benghazi de um cenário político devastador, necessário para convencer os membros do Conselho de Segurança da ONU em votar em regime de urgência, em 17 de março de 2011, a Resolução 1973, com a qual era autorizada a criação de uma zona de exclusão aérea (No Fly Zone) no norte da Líbia. Na realidade, a rapidez com que se chegou a essa resolução serviu para enganar a Rússia e a China e, consequentemente, surpreender a Força Aérea e o sistema de radares do exército de Kadafi, que foram logo atacados já no dia 19 de março. Nessa data, o presidente francês, Nicolas Sarkozy, autorizou o bombardeio aéreo da capital Trípoli, enquanto Barack Obama ordenava ao comandante da 6ª Frota realizar massivos bombardeios navais e aéreos, complementados com o lançamento de centenas de mísseis cruzeiro Tomahawk.

A seguir, diante da indefinição da comunidade internacional, o Secretário Geral da OTAN, Anders Fogh Rasmussen, criou um corpo de armada para dar continuidade aos planos de invasão dos EUA e da França, utilizando, durante 86 dias, aviões, pilotos e as unidades especiais da Grã Bretanha, do Canadá, da Alemanha, da Itália e da Dinamarca. Oficialmente, a “guerra humanitária” da OTAN na Líbia acabou somente em 23 de novembro de 2011, após o fuzilamento de Kadafi em Sirte.

É preciso dizer que a República parlamentarista da Líbia, mesmo com a eleição de Ali Zeidan no cargo de primeiro-ministro, em 14 de outubro de 2012, nunca conseguiu ser um Estado. Pelo contrário, se tornou um “Não-Estado” fragmentado e dividido à causa dos conflitos que começaram, logo após a “libertação”, entre as diferentes personalidades do CNT e as correntes do mundo islâmico líbio.

Em segundo lugar, o Conselho Nacional de Transição perdeu logo credibilidade, por dedicar todas as energias da “Revolução” na destruição de tudo aquilo que lembrava a ordem institucional criada por Kadafi. Por exemplo, na primeira intervenção de Mahmud Ibril no Conselho Nacional de Transição, foi aprovada a lei que revogava as limitações à poligamia, reintroduzindo a legislação do Rei Idris, pela qual “...a mulher era um objeto de livre negociação…”.

A seguir, o CNT, no lugar de desmilitarizar as milícias – em sua maioria, infiltradas por elementos jihadistas, salafitas e, sobretudo, da Irmandade Muçulmana –, lhes  entregou a tarefa de garantir a ordem pública e, consequentemente, de realizar a “limpeza política” na administração pública e nas empresas estatais, expulsando ou prendendo quem havia apoiado Kadafi.

Uma tarefa que, a partir de 2012, com a introdução no ordenamento jurídico nacional da Sharia (lei islâmica), permitiu aos 487 chefes de grupos armados espalharem o terror em todo o país, exacerbando um clima de violência incomparável e sem fim, do momento que as milícias, em função do intenso tráfego de armas, dos financiamentos ocultos por parte de países estrangeiros e transnacionais, começaram a travar um combate sem tréguas pelo controle dos distritos onde havia instalações petrolíferas, as cidades portuárias, aldeias ou até bairros.

Uma situação política e militar que Barack Obama e o secretário-geral da OTAN, Anders Fogh Rasmussen, evitam comentar, visto que a Líbia virou uma bomba-relógio, pronta a explodir, por causa do risco da bancarrota, das pressões étnicas, das exigências tribais que se fundiram à perfeição com as reivindicações separatistas da Cirenaica e de Fezzan.

Um contexto que, em abril de 2013, Hugues Mingarelli descreveu no Parlamento Europeu quando apresentou o “Relatório da Comissão AFET sobre a situação na Líbia” e que sintetizou afirmando: “…em 2011, os estrategistas do Pentágono, da CIA e da OTAN cometeram um erro ao querer, simplesmente, desconsiderar o cenário político que se havia formado na Líbia com a queda de Kadafi. Depois, esse erro, em 2012, se transformou em uma monstruosidade política de grandes e múltiplas proporções que dificilmente poderá ser consertado do momento em que, em 2013, as milícias movimentam mais de 130.000 homens perfeitamente armados, enquanto a produção petrolífera de 1.500.000 barris diários baixou para 100.000/250.000, com um prejuízo de cerca 10 bilhões de dólares por dia!”.

Um erro que a diplomacia estadunidense e a responsável pelas relações exteriores da União Europeia, Lady Ashton, conseguiram esconder desviando as atenções dos participantes na Conferência Internacional sobre a Líbia, realizada em Roma em 6 de março de 2014. Mesmo assim, a ministra das relações exteriores italiana, Federica Mogherini, apesar da puxada de orelha de Obama ao primeiro-ministro italiano Matteo Renzi, não conseguiu esquivar-se de dizer: “A Líbia, ainda, não é um Estado. Por isso qualquer problema é, sobretudo, político antes de ser técnico. Por isso, nenhuma ajuda, por mais eficaz que seja, poderá substituir o processo de transição política que deve ser concluído para permitir a construção do Estado. Porém, cabe aos líbios criar as necessárias condições políticas para que isso tudo se realize…”.

Uma situação que, no atual contexto geoestratégico regional, pode concorrer para desestruturar as frágeis relações políticas e institucionais que foram recriadas no Marrocos, no Egito, na Tunísia, no Níger, na Argélia, na Mauritânia e no Mali. Isto é, uma macrorregião que fornece aos países da União Europeia 40% do petróleo e 60% do gás, sem esquecer a produção de urânio e de fosfatos.

Iraque: a primeira grande derrota

Ao analisar as diferentes frentes militares, onde os pelotões de “marines” (fuzileiros) ainda patrulham as estradas em permanente estado de alerta, resulta que a paz, a democracia, a estabilidade, a segurança e o desenvolvimento são meros predicados da retórica de Barack Obama, Joe Biden e John Kerry.

Uma retórica que é verbalizada todas as vezes em que o Pentágono deve alcançar um objetivo geoestratégico e aliciar a participação de um ou demais aliados europeus. De fato, a invasão militar do Iraque demorou 10 anos. Mesmo assim, 35.000 soldados do exército dos EUA ainda permanecem no Iraque para “ajudar o exército iraquiano a combater o terrorismo”, enquanto mais de 50.000 civis, entre assessores, conselheiros, dirigentes de transnacionais e funcionários de ONGs,  foram mobilizados para “organizar a transição e a formação de um regime democrático” que, hoje, oscila entre o fantasmagórico e o ilusório.

Uma conclusão que se fundamenta avaliando a intensidade dos atentados terroristas realizados recentemente na capital Bagdá, a explosão da violência urbana, a existência de perversa corrupção, a ausência de infraestruturas socioeconômicas e, principalmente, a miséria que atinge grande parte da população urbana, em particular a da capital Bagdá.

Um país onde o governo do primeiro-ministro Nuri al-Maliki simboliza apenas as regras fixadas durante os anos da invasão e a incapacidade de acabar com a conflitualidade étnica e a intolerância religiosa, tanto que no norte os curdos pretendem transformar o Curdistão iraquiano em um Estado independente. No sul, os xiitas desejam a unificação com o Irã, enquanto, no centro do país, os grupos fundamentalistas sunitas, os jihadistas e as células da Al-Qaeda combatem para a instauração do chamado “Califado do Grande Oriente”. Um novo Estado que deveria se estender do centro do Iraque até o norte do Líbano, ocupando grande parte da Síria. Portanto, os dois trilhões de dólares gastos em operações militares por George Bush e depois por Obama, para exportar a “democracia parlamentar ocidental no Iraque”, podiam ser utilizados em projetos mais úteis, como, por exemplo, a erradicação da fome no mundo ou a realização dos projetos contra a desertificação!

Afeganistão: outra guerra perdida

Para evitar a volta dos Taleban em Cabul, em 2001, foi criada a Força Internacional de Assistência para Segurança (ISAF), que com 110.000 soldados (67.000 dos EUA e 37.000 de Reino Unido, Canadá, Itália, França, Turquia, Alemanha e Polônia) invadiu o Afeganistão para instalar um “regime democrático”.

A invasão se transformou em ocupação permanente e ficou mais segura somente após o acordo com “os Senhores do Norte”, isto é, os donos das regiões onde é cultivada a papoula, cuja pasta opiácea é vendida aos narcotraficantes de heroína do mundo inteiro, ao longo das fronteiras, em virtude da cumplicidade do ISI (Serviço Secreto Militar) do Paquistão.

Segundo uma pesquisa da ONU realizada em 2013, os EUA teriam gasto em despesas militares no Afeganistão cerca de três trilhões de dólares. Mesmo assim, os Taleban permanecem em 65% do território afegão. Por isso, Barack Obama admitiu que, após a conclusão da missão do ISAF, em dezembro de 2014, haverá também a retirada dos soldados estadunidenses, excluindo os 15.000 homens das “tropas especiais”, que permanecerão no Afeganistão para monitorar o novo exército afegão (316.000 homens) “no combate aos terroristas”.

Todos sabem que as operações do ISAF e os projetos socioeconômicos realizados pela ONU não pacificaram o país. Por isso, a saída do contingente militar do ISAF deixará um importante vácuo político na estrutura étnico-tribal criada pelos conselheiros estadunidenses para manter na presidência Hamid Karzai. Nesse contexto, para o novo presidente que será escolhido com o voto do segundo turno em 7 de novembro, será muito difícil criar uma frente nacional capaz de dar continuidade ao modelo institucional imposto pelo exército dos EUA e, ao mesmo tempo, enfrentar militarmente os Taleban no interior do país, sem a cobertura militar dos 110.000 soldados do ISAF.

Nesse contexto, a decisão de Obama de deixar Hamid Karzai, Abdullah Abadani e Ashraf Ghani ao próprio destino é um evidente sinal de que os quase quinze anos de guerra não mudaram o cenário estratégico do Afeganistão, onde o problema central, tal como em 1996, é, por um lado, a presença dos Taleban nas regiões centrais e meridionais; e, por outro, o cultivo da papoula e a produção da pasta de ópio no norte do Afeganistão, além da impossibilidade das transnacionais de explorar os depósitos muito extensos de petróleo e gás, que, em 2007, foram avaliados entre 900 bilhões e três trilhões de dólares.

A guerra subversiva na Síria

O que está se passando na Síria ainda permite a Casa Branca dizer nos fóruns internacionais que os EUA não estão envolvidos na guerra civil síria, mas que se limitam a dar apoio aos “combatentes da liberdade contra o regime de Bashar Al-Assad”. De fato, o vice-almirante Bruce Clingan, comandante em chefe da 6ª Frota, ainda não recebeu a ordem para atacar os navios da marinha militar síria ou fustigar com foguetes os quartéis do exército de Bashar al-Assad.

Neste contexto, segundo os cientistas políticos, “na Síria o conflito ainda está na fase de guerra subversiva. Isto é, uma guerra civil primária, onde os serviços secretos das grandes potências atuam em incógnito, norteando a evolução dos combates, além de garantirem o reabastecimento das armas, administrarem a logística e gerenciarem o fluxo dos financiamentos ocultos. Uma guerra que aumenta ou diminui de intensidade conforme o nível de tensão nas relações diplomáticas e a necessidade de polarizar o cenário geoestratégico…”.

Uma guerra civil que, apesar das ameaças de Hillary Clinton em 2012 e depois de Barack Obama em 2013, não extrapolou a ponto de provocar a intervenção militar dos EUA ou dos exércitos da OTAN ou de Israel. É, sim, uma guerra civil, planejada para provocar, antes de tudo, a destruição econômica da Síria e a desestruturação do seu exército regular. Condições essenciais para impor na mesa de negociação da Conferência de Genebra-2 uma nova fórmula institucional, que visa afastar do poder os grupos políticos ligados a Bashar Al-Assad.

Porém, não obstante o apoio financeiro oferecido por Arábia Saudita, Qatar, Emirados Unidos e Omã, e apesar da cobertura logística garantida pela Turquia e a Jordânia, a guerra subversiva planejada pela CIA não logrou seu objetivo estratégico: desarticular o exército de Bashar Al-Assad que, após dois anos de combates, não se desintegrou. Pelo contrário, os últimos informes indicam que conseguiu reverter o contexto operativo e passar ao contra-ataque, ao ponto de reconquistar a cidade de Homs, considerada pelos rebeldes a “verdadeira capital da Síria”.

O efeito bumerangue na Ucrânia

Depois da dissolução da URSS e da desastrosa gestão política e econômica de Boris Yeltsin, na Federação Russa, em 1999, começou um novo ciclo político sob a liderança de Vladimir Putin e de Dimitri Medvedev, que previa salvaguardar as relações econômicas e geoestratégicas com os 11 países da CEI (Comunidade dos Estados Independentes). Uma decisão que visava impedir a expansão da OTAN no Leste europeu, realizada com as propostas de adesão à União Europeia.

Por isso todos os governos dos EUA – sejam eles republicanos ou democratas – autorizaram a CIA realizar campanhas de intoxicação midiática associadas a verdadeiras operações subversivas em tais países, conseguindo que, em 2005, primeiro o Turcomenistão e depois a Geórgia, em 2008, deixassem a CEI, rompendo assim com a Rússia.

Na Bielorrússia, mas sobretudo na Ucrânia já a partir de 1988, os EUA promoveram um processo de subversão pacífica através da formação do movimento não-violento “Pora” (Está na Hora), cujos líderes foram financiados e treinados por uma coalizão de peritos em sondagem de opinião ocidentais e consultores profissionais, financiados por uma união de agências governamentais e não-governamentais, que segundo o jornal britânico “The Guardian” juntavam o Departamento de Estado, a USAID, o Instituto Democrático Nacional, o Instituto Republicano Internacional, a Freedom House (Casa da Liberdade) e a Fundação Doação para a Democracia.

O primeiro resultado desse processo de “subversão não violenta” se deu em 2004, com a conhecida “Revolução Laranja” de Viktor Yanukovich e Yulia Timoshenko contra o presidente Leonid Kuchma.

Porém, depois da derrota que a CIA e os conselheiros militares da Casa Branca sofreram na Geórgia, em 2008, com a guerra na Ossétia do Sul, e o reconhecimento da independência da República Autônoma da Abecásia, a Casa Branca decidiu aprofundar o processo de desestabilização da Ucrânia sob a supervisão da embaixadora dos EUA na OTAN, Victoria Nuland. A mesma que depois, em 2013, apesar de ser ligada ao Partido Republicano, foi nomeada por Obama Vice-Secretária de Estado norte-americana para os Assuntos Europeus e enviada a Kiev com a função de monitorar o golpe “EuroMaidan”, contra o presidente pró-russo, Viktor Yanukovich.

Um cargo de máxima confiança do momento que, após o sucesso do presidente Putin na Conferência de Genebra sobre a Síria e nas negociações com o Irã, era de vital importância inviabilizar a consolidação da geoestratégica do governo russo na Europa do Leste, favorecendo a saída da Ucrânia da CEI e a consequente admissão na União Europeia. Algo que teria permitido à OTAN se apoderar da base naval de Sebastopol, na Criméia, além de passar a controlar os três grandes gasodutos a partir dos quais a Rússia exporta o gás para a Europa e “dulcis in fundo” a produção das 130 unidades da indústria militar Ukroboronprom, da Motor Stich, da Zorya Mashproekt e da Antonov Airlines. Estabelecimentos que asseguram o fornecimento de peças para 400 indústrias militares russas, além de garantirem a manutenção dos mísseis balísticos intercontinentais do tipo RS-20 e a construção do famoso Antonov An-225 Mriya.

Nesse contexto, os EUA e a OTAN sofreram as consequências do “efeito bumerangue” logo após o repentino sucesso do golpe “EuroMaidan” em Kiev, quando o presidente da Federação Russa, Vladimir Putin, legitimou a realização do referendo separatista na Criméia, onde 96% da população daquela região manifestou o desejo de oficializar a união com a Rússia.

Na realidade, o golpe “EuroMaidan” monitorado pela Vice-Secretária de Estado norte-americana para os Assuntos Europeus, Victória Nuland, revelou a fragilidade do governo-interino de Arseniy Yatsenyuk, do momento em que sua legitimidade institucional e sua representatividade política foram, praticamente, rejeitadas em todas as regiões do leste e do sudeste da Ucrânia. Regiões que, além de serem as mais industrializadas, são povoadas por populações russófilas que almejam manter uma estreita ligação com a Federação Russa.

Por outro lado, o massacre de 48 militantes russófilos, queimados vivos em Odessa no Palácio dos Sindicatos, alimentou, ainda mais, os sentimentos separatistas em 90% das regiões do leste e sudeste ucranianos, que decidiram realizar o referendo separatista em 11 de maio, onde 83% da população foram às urnas e 95% dos votantes se expressaram em favor da separação. Um referendo realizado apesar de as tropas do governo de Kiev ameaçarem invadir as principais cidades da Ucrânia do leste, para reprimir as “manifestações dos terroristas no leste do país”.

Outro elemento que fez merecer ao presidente-interino Oleksandr Turchynov o adjetivo de “marionete da Casa Branca” foi a falsa denúncia de que o presidente Putin havia planejado a invasão do leste da Ucrânia. Declarações alarmistas que durante todo o mês de abril ocuparam muito espaço na “Grande Mídia”, permitindo ao Pentágono montar um posto de observação com 600 soldados na Estônia, enquanto a USAF fazia aterrissar 12 caças-bombardeiros F-16 na base aérea polonesa de Lask e o Comando da OTAN destinava nos países bálticos (Estônia, Letônia e Lituânia) 15 caças-bombardeiros, fornecidos pela Força Aérea do Reino Unido (Eurofighter), da Dinamarca (F-16) e França (Mirage 2000).

É evidente que a presença de caças-bombardeiros dos EUA e da OTAN na região báltica visa acalmar os governos daquela região com a realização de um ostensivo patrulhamento aéreo ao longo das fronteiras com a Rússia. Porém, é também verdade que as patrulhas dos F-16 ou dos Mirages 2000 nunca entrarão em combate contra os SU-27 Flanker russos que, em número de 30, aterrissaram nos aeroportos militares da Bielorrússia.

Para aplacar a tensão política, o Ministério da Defesa russo, em 23 de abril, havia comunicado aos seus homólogos europeus e estadunidenses que seu exército havia concluído as manobras militares, realizadas durante um mês ao longo das regiões fronteiriças com a Ucrânia. Além disso, o ministro da Defesa russo informava pessoalmente as autoridades militares dos EUA e da OTAN que todo o contingente mobilizado nessas manobras (100.000 soldados, 25.000 tanques e cerca de 100 caças bombardeiros) já havia regressado aos seus quartéis, que se encontram há mais de 70 ou 100 quilômetros da fronteira. Mesmo assim, Barack Obama e o britânico Nick Cameron voltaram a declarar que a retirada era uma farsa e que Putin queria invadir a Ucrânia. Por isso eles queriam que a União Europeia aplicasse novas sanções, começando a dispensar a compra do gás russo, substituindo-o com o gás que os EUA produzem com a exploração dos xistos betuminosos.

Não há dúvidas de que o “efeito bumerangue” atingiu em cheio os estrategistas da CIA, visto que a maior parte dos países europeus não concorda em substituir o gás russo pelo estadunidense, sobretudo por causa do preço mais alto e das dificuldades de distribuição dos portos franceses, espanhóis e holandeses.

Em segundo lugar, Barack Obama e John Kerry contavam com a “neutralidade” do governo chinês que, contrariando as previsões dos sinólogos da Casa Branca, interveio defendendo abertamente a Rússia. De fato, o porta-voz do Ministério das Relações Exteriores da China, Qin Gang, advertia que o governo chinês “condenava o uso de ameaças e de sanções nas relações internacionais…”, salientando que “o governo da China acredita que as sanções não contribuem para solucionar os problemas. Pelo contrário, produzem ainda mais tensões”.

Achille Lollo é jornalista italiano, correspondente do Brasil de Fato na Itália, editor do programa TV “Quadrante Informativo” e colunista do “Correio da Cidadania”.

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